Hugo Ramón G.
Al comenzar el Año Nuevo entre la natural alegría de un nuevo amanecer, quiero una Nicaragua que sea el espejo de la virtud ciudadana donde los derechos de las personas no sean continuamente violados y cada quien pueda con suficiente libertad expresar sus sentimientos y ser “el arquitecto de su propio destino” como lo sentenció en su magistral poema Amado Nervo.
Una República donde el culto a Dios, Dueño, y Señor del universo, afiance la fe y tengamos en Su Majestad al Único y Auténtico Protector. Una Nicaragua donde la mujer sea prenda sentimental de una permanente consideración, y su dignidad cual aureola de belleza, sea fuente de respeto para que siempre sepamos enaltecerla, y defenderla a la medida de nuestros principios.
Una Nicaragua floreciente en derechos y abundante en el cumplimiento de las promesas que la hicieron vivir durante la pasada campaña electoral para que los niveles de la desocupación que hoy asfixian a la sociedad sean superados a corto plazo. Una República que abra caminos de verdadera convivencia orientada por una Paz que se asiente en la necesidad social de una civilización profunda y estable.
Una Patria donde los valores positivos no sean sustituidos por valores negativos que a través de la historia mucho han incidido en la destrucción de la sociedad. Una República en la cual el Estado de Derecho se consolide y se institucionalice para que los reclamos legales no sean voces en el desierto y la propiedad privada pueda funcionar con absolutas garantías.
Una Nicaragua en que las cárceles no sean un suplicio, ni un tormento, sino un medio de rehabilitación en las cuales los reclusos que se hallan cumpliendo una sentencia dictada por los tribunales de conciencia, encuentren en ellas los factores que les permitan alcanzar cambios fundamentales en sus vidas.
Una Nicaragua donde la juventud en igualdad de condiciones tenga acceso a las universidades permitiéndosele la formación profesional como una respuesta a sus justas aspiraciones.
Una Patria donde el odio se termine por completo y por las ventanas del corazón se conserve la reconciliación para que unos y otros conozcamos y apreciemos la significación del perdón que es la fórmula de efectiva madurez en el desarrollo de la existencia personal.
Una Nicaragua donde el maestro activo, o jubilado sea objeto de cuantos privilegios le debe el Estado, pues en cada educador hay que ver y apreciar a un valor y a un apóstol de la enseñanza, cuyos patrimonios académicos contribuyen acertadamente a la transformación de la sociedad.
Una Nicaragua donde la Justicia no la acomoden a intereses determinados y los jueces como administradores de ella no se dejen llevar por cómodos halagos. Una República que ponga fin al tráfico de drogas para que se restituya en su orden espiritual la moral que se ha perdido en forma considerable y alarmante.
Una Nicaragua donde la juventud no siga siendo empujada a la delincuencia, y los conceptos de la violencia no aumenten cuantiosamente como efecto de una cultura atrasada y degradante.
Que el Dios de las Naciones bendiga a Nicaragua, y a los nicaragüenses, y que por los caminos de la fraternidad hallemos siempre la razón de ser más útiles a quienes nos rodean en el diario vivir.
El autor es periodista.