¿Alemán, Presidente de la Asamblea?

En los años en los que se renueva la Presidencia de la República, la ley señala que la Asamblea Nacional se instala el 9 de enero, o sea, un día antes de la toma de posesión del Presidente de la República electo. Al Consejo Supremo Electoral le corresponde la instalación del Poder Legislativo, y ese mismo día los nuevos diputados eligen su junta directiva, incluyendo, por supuesto, al Presidente de la misma.

A como están las cosas, todo parece indicar que el próximo Presidente de la Asamblea Nacional será el Doctor Arnoldo Alemán, ya que en repetidas ocasiones él ha manifestado sus deseos de serlo, y, por lo visto, los diputados liberales están más que dispuestos a satisfacer su capricho. Es más; se rumora que Alemán tiene intenciones de llegar a ese cargo el 23 de enero —fecha en la que celebra su cumpleaños— ya que no podría ser electo el 9 de enero porque ese día estará fungiendo todavía como Presidente de la República, cargo que dejará hasta el siguiente día, 10 de enero, una vez que le entregue la banda presidencial al nuevo Presidente, Don Enrique Bolaños.

La instalación de una nueva Asamblea Nacional es un acto solemne, y la junta directiva electa ese día es la que se supone que dirigirá las actividades del Poder Legislativo por el término de un año hasta que, de acuerdo a la ley, se elija una nueva junta directiva. Esta vez, sin embargo, parece ser que la ambición y el poder de un diputado, aunado a la sumisión de sus correligionarios, convertirá la elección de la junta directiva del 9 de enero en un acto meramente formalístico y sin valor alguno, porque de antemano se sabe que la composición de esa junta directiva cambiaría a los pocos días de establecida, cuando Alemán considere que ha llegado el momento de ser Presidente de la Asamblea Nacional.

Cuando en 1999 Alemán empezó a negociar con Daniel Ortega el pacto que lo llevaría a la Asamblea Nacional, dijo que él deseaba ser diputado para llegar a “menear el parlamentarismo”, desconociéndose hasta el día de hoy lo que quiso decir con esa extraña frase. Pero posteriormente, el 11 de julio del año pasado, durante la convención del Partido Liberal en la ciudad de León, Alemán reveló que sus ambiciones no se limitaban a ser un diputado más, sino que quería ser presidente de la junta directiva de esa importantísima institución del Estado. Ahora parece estar a pocos días de satisfacer sus ambiciones.

La pregunta que cabe es: ¿le conviene a Nicaragua que Alemán sea Presidente del Parlamento? Hay quienes opinan que, dadas sus aspiraciones de volver a la Presidencia de la República en el 2006, Alemán estaría por esa razón obligado a pasar buenas leyes y a no impedir el buen funcionamiento del gobierno de don Enrique Bolaños. Otros, por el contrario, opinan que el choque entre Bolaños y Alemán se tornará inevitable en el momento en que Bolaños envíe iniciativas de ley cuyo contenido sea contrario a los intereses personales de Alemán. Una de esas leyes sería, por ejemplo, una reforma constitucional que impidiera la reelección presidencial en todo momento.

Por de pronto, lo que sí está claro es que Alemán tiene todas las intenciones del mundo de seguir “mandando y figurando” desde la Asamblea. Eso, cuando menos, impedirá que al iniciarse el nuevo período se sienta que ha habido el cambio total en el estilo de gobierno que la gente expresó querer al votar por el ingeniero Bolaños, porque, aunque la ciudadanía también haya votado mayoritariamente por los diputados liberales, no votó para que Alemán fuera Presidente de la Asamblea, y creemos que si se le hubiese dado la oportunidad de opinar al respecto, la mayoría hubiese opinado en contra de los deseos de Alemán.

Pero aún hay tiempo para que los diputados liberales electos recapaciten, muestren un poco de independencia, y elijan entre sus miembros a una persona con la capacidad y el mérito suficientes para presidir la directiva de la Asamblea Nacional que no sea Arnoldo Alemán. Estamos seguros de que el pueblo les agradecería ese gesto de independencia.  

Editorial
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