Jinotega coronó el año con más de 3,200 delitos

Pese al trabajo policial, el departamento es un lugar muy peligroso Silvia González SilesCorresponsal/[email protected] Nada alentadores son los datos que maneja la Policía del departamento de Jinotega, que muestran que se cometieron 3,200 delitos hasta el 25 de diciembre de 2001, de los cuales pudieron aclarar un 79 por ciento. De estos delitos resaltan 15 […]

  • Pese al trabajo policial, el
    departamento es un lugar muy peligroso

Silvia González SilesCorresponsal/[email protected]

Nada alentadores son los datos que maneja la Policía del departamento de Jinotega, que muestran que se cometieron 3,200 delitos hasta el 25 de diciembre de 2001, de los cuales pudieron aclarar un 79 por ciento.

De estos delitos resaltan 15 asesinatos, en los que perecieron al menos cinco niños; quince homicidios, 96 violaciones, 704 lesiones, 1,403 delitos contra la propiedad, 576 de “otros contra las personas”, 78 robos con violencia, 153 robos con intimidación, 262 robos con fuerza, 475 hurtos, 62 estafas, 196 abigeatos, 152 daños, 32 por droga, y 242 en el índice de “otras familias de delitos”, entre los que se cuentan nueve secuestros y ocho plagios.

DECAPITACIÓN Y SECUESTRO

Entre los delitos más graves que conmocionaron a la sociedad jinotegana se recuerda el asesinato perpetrado el 16 de junio en la comarca La Marrana (Wiwilí), cuando Migdalia Ramos Martínez de 19 años, decapitó a su cónyuge Modesto Siles Rivera, de 27, que la maltrataba físicamente, y quedó en libertad por comprobarse que lo que decía era cierto.

También se menciona el secuestro seguido de homicidio en contra del niño Marcial Emilio Mercado Cruz, de ocho años, originario de la comunidad Las Mercedes (Jinotega), ocurrido el trece de diciembre de 2000, pero encontrado hasta el cuatro de marzo de este año, en un basurero de la ciudad, crimen por el que un jurado condenó a José Mairena Gutiérrez.

DOS CRÍMENES, CUATRO MUERTOS

Otro hecho que conmovió a la opinión pública fue aquel en el que murieron Margarita Bucardo Amador y Dionisio Valdivia Hernández, quienes fueron víctimas de una ejecución luego de ser obligados a arrodillarse mientras estaban en su casa, para luego recibir un disparo de AK en la cabeza, delante de sus dos menores hijos, en la comarca Los Cerrones, de Pueblo Nuevo, el siete de abril.

Otro delito espeluznante ocurrió el seis de diciembre, en el que perecieron dos niñas de cinco y siete años cuando les rafaguearon la vivienda en la que dormían junto a su madre, la que también salió herida.  

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