Miles de niños que trabajan vendiendo golosinas y limpiando carros en los diferentes semáforos de la ciudad de Managua, no gozaron de una calurosa Navidad ni podrán disfrutar de una feliz despedida de año, pues tendrán que trabajar para ayudar a sus padres y a sus hermanos.

Los olvidados de la Navidad

Loyda Padilla AlemánEspecial para LA [email protected] Mientras decenas de niños gozaban de muchos regalos, juguetes y una cena caliente al calor familiar en esta Navidad, así como lo harán en Año Nuevo, otros con baldes, limpiavidrios, cajas con dulces, chicles, golosinas y cigarrillos no buscarán un estreno, un juguete, sino el sustento que afanosamente deben […]

Loyda Padilla AlemánEspecial para LA [email protected]

Mientras decenas de niños gozaban de muchos regalos, juguetes y una cena caliente al calor familiar en esta Navidad, así como lo harán en Año Nuevo, otros con baldes, limpiavidrios, cajas con dulces, chicles, golosinas y cigarrillos no buscarán un estreno, un juguete, sino el sustento que afanosamente deben encontrar a diario por los semáforos de toda la capital.

Año con año estos niños se entregan a la faena de trabajar duro, sin el chance de poder estudiar y gozar de una niñez plena como otros lo hacen normalmente, con la esperanza de que cada 24 y 31 de diciembre la pasarán felices al lado de sus seres amados.

Las historias que cada uno de estos niños de los semáforos tiene que contar casi no difieren una de otra. Tal es el caso de Yessenia María, de 13 años, que a diario durante las primeras horas de la mañana tiene que dejar a un lado la cama caliente y dirigirse con su caja de gomas de mascar a los semáforos del González, donde pasará la mayor parte del día, bajo sol y lluvia ofreciendo su producto a cuanto vehículo espere la señal de avanzar.

NI ESTRENOS NI REGALOS

Este año no gozó de una Navidad placentera, no estrenó un vestido, un par de zapatos, ni siquiera tuvo una muñeca. Sólo sabe que tenía que trabajar. Y aunque en pasadas temporadas navideñas ha recibido obsequios de parte de gente bondadosa que decide llevar una sonrisa a los niños con alimentos y juguetes, este año “estuvo palmado. Sólo comida nos dieron algunos señores que pasaron por aquí repartiéndola”, dice la niña con tristeza en sus ojos.

Esta temporada no había perdido la esperanza de un buen regalo que quizás algún alma caritativa le obsequiara, pero a casi finalizar el año ya sólo le queda la idea de que tiene que continuar normalmente con su venta, sin esperar nada más que el Año Nuevo.

OFENSAS Y REGAÑOS

Erick Vargas, de 11 años, tiene una historia similar, pues esta Navidad ha sido la peor para él, ya que en ocasiones anteriores ha recibido desde ropa, hasta canastas básicas, que a su paso algunas personas reparten en los diferentes semáforos. “No me han dado casi nada, sólo regañadas y ofensas”, expresa el pequeño, quien se dedica desde muy pequeño al servicio de limpiar vidrios a los vehículos.

Y al igual que sus compañeros de faena, tendrá que conformarse con seguir soñando con tener una Navidad llena de felicidad, la que desde hace mucho tiempo ha deseado pasar, pero que sus recursos no lo han permitido. “Yo siempre he querido pasar una Navidad con mi familia, con una cena y muchos juguetes”, expresa.

PLEITOS EN VEZ DE REGALO

Para Isaac Antonio Urbina, de 13 años, no hubo una Navidad en armonía, pues aunque no pasó hasta la noche en los semáforos de las calles limpiando vidrios, la pasó en su casa, pero no con una cena ni con abrazos ni una voz que resonara una Feliz Navidad en sus oídos, sino en contienda familiar. “Esa noche hubo pleito en mi casa”, señala el niño, quien tiene otros dos hermanitos que trabajan de igual forma.

Ese día sólo unas personas caritativas pasaron por su lado y le regalaron un platillo como cena de Nochebuena, el cual no pudo compartir con su familia, sólo con su hermanito de 9 años.

“Me hubiera gustado tener una bicicleta, pero voy a recoger para comprarla”, dice el niño, quien durante toda su niñez ha soñado poseer una.

LEJOS DE LA FAMILIA

Para la niña Ivania Mercedes Gutiérrez, de 9 años, las navidades este año no estuvieron tan malas, pues un anciano que pasó un día antes por los semáforos de El Guanacaste le brindó una agradable sonrisa y una linda muñeca de baterías, que celosamente guarda sobre su catre. Lo triste es que la pequeña pasó las navidades lejos de su familia y de sus padres, pues su abuelito fue su acompañante durante la Nochebuena.

Dios la acompañó ese día, ya que junto a su abuelo asistió a una vigilia, donde pudo dar las gracias por la Navidad y el Año Nuevo. “Esa noche me fui con mi abuelito a una vigilia, para dar gracias a Dios por todo lo que nos da”.

Lo cierto es que Ivania no está tan triste, porque goza hasta el momento de buena salud y un hogar donde reitera que le brindan amor y donde hoy podrá compartir la alegría de estrenar un bonito vestido que le compraron sus padres.  

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