Canal 6: ¿Último S.O.S.?

Sergio Boffelli [email protected]

El canal 6 es, otra vez, tema de discusión. Parece que con cada cambio de gobierno se revuelven los maltrechos restos del canal estatal. Es una historia recurrente que por desgracia ningún gobierno ha tenido la visión ni el coraje de asumir. Invariablemente el círculo recorre la siguiente ruta: en primer lugar se abre la discusión sobre el futuro del canal, y llueven recomendaciones de orden económico. Luego se responsabiliza del desastre al gobierno anterior, lo que es cierto pero insuficiente. El próximo paso, por lo general paralelo a los anteriores, es comentar las fantásticas posibilidades que ofrece alguna cadena extranjera o algún grupo de inversionistas patrióticos. Entonces afloran inesperadas ideas sobre el canal, pero rápidamente el nuevo gobierno “recapacita y descubre” que TV-6 sería un arma propagandística poderosa de indiscutible penetración. Y entonces la historia se repite con el doble discurso tradicional: por un lado se dice que ha llegado la hora de rescatar al canal, y, por otro, se conserva un gastado noticiero oficialista, se remozan programas de “debates políticos”, se improvisa algún abaratado y temporal show de fin de semana que regala cualquier cosa, y continuamos el mismo camino…

Éste es el capítulo que se escribe sobre el Canal 6 cada cinco años, con el agregado de la carga económica impuesta por el gobierno que tiende a no pagar publicidad y la obligada “cobertura” noticiosa. De todo esto he comentado en artículos publicados en estas páginas de LA PRENSA: “¿Qué esperamos del Canal 6?” (1996), y “Canal 6: ¿Un nuevo error?” (1997). Hoy de nuevo el tema resurge, fundamentalmente porque la pregunta es siempre equivocada. Si en vez de preguntarnos “¿cómo puede servir el Canal 6 al nuevo gobierno?”, nos preguntáramos” ¿cómo puede servir el canal 6 a la construcción de una nueva Nicaragua?”, haríamos un significativo avance con posibilidades de encontrar mejores respuestas. Una misión y objetivos claros son imperativos.

En la actualidad, importantes sectores nacionales están de acuerdo en que la mayor crisis que vive Nicaragua es una crisis de valores. La misma que nos ha llevado a estar como estamos, originando una epidemia de males en cascada. De ahí que enfocarse en el rescate y promoción de valores es tarea que todo gobierno honesto y responsable debería asumir sin ambigüedades. Un rescate que parte del ejemplo de sus funcionarios, pero que supone complementarse con un activo y permanente rescate y promoción de valores humanos como son, entre otros, la honestidad, el amor al trabajo, el derecho y respeto a la vida, la libertad, y la búsqueda de la genuina felicidad, democracia, el matrimonio, la familia, la libre empresa, la justicia, nuestra identidad nacional, patriotismo y soberanía nacional… además de ser un instrumento estratégico de efectividad comprobada para combatir el analfabetismo, fomentar la educación a distancia, etc.

Sobran, para este propósito, la creatividad, oportunidades, programación y personal capacitado necesarios. Lo que nos falta es descubrir el verdadero valor del canal estatal para darle el uso correcto. Sólo así se podrá apreciar su auténtico potencial transformador. Entonces se le dejará de ver como problema y se sabrá aprovechar, encontrando con relativa facilidad, no me cabe duda, el financiamiento necesario para cumplir su función.

No sé realmente si ahora, debido a las naturales esperanzas de cambio que todos tenemos es la mejor oportunidad de salvar el Canal 6, o si estoy escribiendo sobre un epitafio grabado por los poderosos en retirada. Francamente no lo sé. Pero ojalá se aproveche este S.O.S. del Canal 6 y no presenciemos el vergonzoso entierro de un valioso instrumento educativo.

El autor es periodista.  

Editorial
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