- En la muerte de su hijo, cronista deportivo agradece solidaridad
- Soy un reo en la cárcel de la vida; prisionero perpetuo del destino; cual Edipo, cautivo de su sino, en mis ojos la luz yace extinguida.
Ramón Mendoza HerreraEspecial para La [email protected]
A más de tres meses del terrible impacto que estremeció nuestras vidas “con temblor de estrellas y horror de cataclismo, que devino en la separación de nuestro querido hijo Augusto César para siempre de nuestro hogar, elevo mi voz para agradecer en nombre de mi familia y mío propio, a todas las personas e instituciones que nos brindaron un invaluable apoyo material y espiritual en los tristes momentos que nos tocó vivir.
Quisiéramos agradecer con nombre propio a tantas personas que nos apoyaron de distintas maneras, pero pecaríamos de injustos con alguna omisión involuntaria, por lo cual lo expresamos en forma general, sin que con ello varíe un ápice nuestra infinita gratitud para todos.
A los medios de comunicación cuya fluida cobertura hizo de la divulgación del suceso noticioso un verdadero acto de solidaridad.
A los compañeros de la ACDN que se hermanaron en nuestro inmenso dolor y lo asumieron como propio.
Al Ejército Nacional que posibilitó se brindara atención a nuestro hijo en el Hospital Militar “Alejandro Dávila Bolaños”, cuyo personal en la Unidad de Cuidados Intensivos esmeró su tratamiento con Augusto César y siempre fue generoso y compresivo con nosotros.
A los fieles amigos y amigas que noche y día, durmiendo en los pasillos del Hospital, estuvieron a nuestro lado en espera del inexorable desenlace, y cuya presencia fue de inestimable valor para fortalecer nuestros espíritus duramente lacerados por el impacto de semejante tragedia.
Al noble pueblo de Somoto que desbordó en todos los estratos su solidaridad material y espiritual con nosotros, y tributó a Augusto César homenajes póstumos y exequias sin precedentes en nuestro pueblo.
A todos y todas sólo podemos decir ¡Gracias! ¡Muchas gracias! Hoy que en algún sitio de su celestial morada, por divino influjo, Augusto César puede leer en el libro de cada corazón, y sabe cuánto lo añoran, y sobre todo que nuestra gratitud por la solidaridad recibida es tan grande como el dolor su triste partida.