Súper Mamás

A las siete semanas de haber tenido a su primer hijo por cesárea, María Celeste Arrarás aceptó la invitación de su marido para ir al cine y dejó al bebé con una niñera. A los pocos minutos de comenzar la película, su cuerpo se estremeció. “Era una simple corazonada”, cuenta la bellísima presentadora de Primer […]

A las siete semanas de haber tenido a su primer hijo por cesárea, María Celeste Arrarás aceptó la invitación de su marido para ir al cine y dejó al bebé con una niñera. A los pocos minutos de comenzar la película, su cuerpo se estremeció. “Era una simple corazonada”, cuenta la bellísima presentadora de Primer Impacto (Univision).

“Sentía que algo andaba mal”. Tenía razón. Conectó cámaras de vídeo en la habitación del bebé y vio aterrada cómo la niñera golpeaba despiadadamente a su hijo Julián. “Lo único que puedo decir es que lo que salvó a mi hijo fue el instinto de madre”.

¿Cómo entonces sobrevivir esa experiencia el día que tuviera que regresar a trabajar a los estudios de televisión? Arrarás no es la única que se hace esa pregunta. Como ella, muchas mujeres, sean celebridades o no, viven la misma disyuntiva de dejar o no a sus hijos con niñeras, familiares o vecinos para poder salir a trabajar o tener un momento de esparcimiento. Ya sea para sostener económicamente a la familia o para continuar el desarrollo de una carrera profesional, muchas mujeres tienen que encontrar la vía para criar y educar a sus hijos, y al mismo tiempo trabajar.

Con Arrarás o con la actriz Itatí Cantoral, que tuvo mellizos y ahora graba una telenovela, o con Marilyn Milián, que de jueza con dos hijas pasó a ser una celebridad de la televisión nacional y está nuevamente embarazada, puedes aprender a lidiar con el rol de madre y el de trabajadora.

“No existe ningún tipo de investigación que demuestre que los hijos sean mejores o peores porque las madres trabajen fuera del hogar”, aclara la doctora Celia Falicov, profesora de la Universidad de California, en San Diego, y autora del libro Latino Families in Therapy, a Guide to a Multicultural Practice. “Lo más importante no es la cantidad de tiempo que les dediquemos a los hijos, sino la calidad y el apoyo externo”.

Si de calidad se trata, a Arrarás no hay quién le lleve la delantera. “El tiempo de mis hijos no hay nadie que pueda interrumpirlo”, aclara. “Y a la vez yo trato de integrar a mis hijos a mi vida cotidiana”.

Hoy Julián tiene casi 4 años, es un niño completamente saludable, y el abuso físico que recibió de la niñera es cosa del pasado. Pero para Arrarás es una pesadilla que ella prefiere mantener lejos del olvido. “Es más, eso intensificó mi instinto de madre”, aclara. A pesar de esa experiencia, Arrarás no detuvo su carrera profesional ni abandonó su sueño de tener tres hijos. Continuó como presentadora de uno de los programas de mayor teleaudiencia de Univision, adoptó en Rusia a Adrián Vadim, de 2 años, y tuvo una niña, Lara, ahora de 8 meses.

Cómo lograr el balance entre ser madre, trabajar y ser una celebridad es la primera incógnita a descifrar. “Yo soy la primera que les da los buenos días y la última que les da las buenas noches”, dice. Durante el día, cuenta con la ayuda de una niñera, pero es ella quien les da el desayuno y la cena. “Les lavo los dientes, los pongo a rezar y estoy al lado de ellos hasta que dan el último pestañazo”.

Aunque el público está acostumbrado a ver a Arrarás glamorosa, sexy, sonriente y relajada frente a las cámaras de televisión, eso no la excluye de ser una mamá a tiempo completo. “Les escojo la ropa, los llevo al médico, les doy las medicinas, los llevo a la clase de karate o a donde sea”, dice. “Y si hay que disciplinarlos también soy yo la responsable”.

Es por eso que en su casa de cuatro cuartos, en el sur de Miami —una mezcla de hacienda mexicana con algo de colonial español— el espacio está diseñado en función de los niños. Área de juegos, piscina, columpios, y en los cuartos de los niños, claro, nada de televisión y computadoras.

No obstante, con la llegada de cada niño, las cosas en casa han sido diferentes. Desde que nació el primero de sus hijos, Arrarás no ha necesitado más un despertador. “A mí me despierta el primero que grita”, dice. “Ahí salgo yo entonces a rescatarlo”. De ahí, comienzan las tareas cotidianas de aseo, comidas y, por supuesto, juegos. Es cuando Arrarás tiene que comenzar con su agenda del día. “Mientras esté en la casa, ellos están conmigo”, insiste. “Si me voy a bañar, ahí van ellos también”.

Cuando llega su entrenador, Arrarás va directo al área de ejercicios. Entonces lo que es parte de su rutina, lo convierte en entretenimiento para los pequeños. “Si tengo que hacer pesas, me pongo a Lara, que ya pesa 20 libras y la levanto mientras los otros se divierten”, dice Arrarás. “Hasta en los aeróbicos me los monto”.

El único problema, dice, son las horas de sueño. “El síndrome de la súper mamá es dormir poco y comer mal”, aclara. “Pero es una etapa pasajera, difícil y maravillosa a la vez”.

En su caso el apoyo de los que la rodean no tiene precio. “El arma secreta de una súper mamá es tener un súper papá”, dice sin dudarlo. En este caso, Manny Arvesú, un abogado de bienes raíces. “Él es el director de la orquesta”, dice Arrarás. “Él es un hombre que no tiene reparos en ayudar en todo”.

Según la doctora Falicov, quien presidió la American Family Therapy Academy (Afta), las mujeres siempre han tratado de combinar el trabajo con la crianza de los hijos, y el éxito en su gestión siempre ha estado en el apoyo familiar o social que han recibido. “No obstante, en los años cincuenta, se promovió en Estados Unidos la idea de que la mujer se quedara en casa para ser mamá a tiempo completo”, explica. “Es la imagen que promovió I Love Lucy, entre otros programas de televisión”. Sin embargo, nuevas pautas culturales abrieron nuevos horizontes a la mujer, explica, y las necesidades económicas o de índole profesional, llevaron a la mujer, otra vez, a salir a trabajar.

Ana Bárbara y Emiliano

Nada fácil, entonces, para la cantante Ana Bárbara, quien acaba de tener a su hijo, Emiliano Gallardo, ahora, de apenas 1 año. “Soy la persona más desorganizada del planeta”, dice. “Batallo para organizar mi tiempo”.

Es un hijo quien la ha llevado a tener que planificarse, más aún cuando se ha decidido a regresar a los escenarios. “Ahorita mi organizador se llama Emiliano”, dice. “A todos los lugares ha ido conmigo”.

Por suerte, el trabajo de Ana Bárbara es fundamentalmente por la noche, así que durante el día se dedica a atenderlo. Es ella quien se levanta para darle la leche, de comer y lo duerme al mediodía. “Trato de estar la mayor parte del tiempo con el gordito”, dice.

Hasta las grabaciones de su disco se acomodaron al horario de Emiliano. Por suerte, el estudio estaba muy cerca de la casa de Ana Bárbara. “Fue un trabajo arduo, pero yo me lo llevaba al estudio. Él es feliz con la música”.

De todas formas, aclara que cuenta con la ayuda de una tía. “Eso sí, siempre lo baño yo desde que nació”, insiste. “Nadie más me lo ha bañado”. Aunque tiene su cuarto listo, Emiliano aún duerme en el cuarto de su mamá, en su cuna. “A mí me cuesta trabajo decidir que se vaya a su cuarto”, cuenta. “pero sé que un día de éstos le diré: ‘Hijo, a tus habitaciones’”.

Ana Bárbara insiste en la importancia de la calidad, más que la cantidad, del tiempo que le dediques a los hijos. Un mensaje que ella quiere hacer llegar a todas las madres trabajadoras. “Si tú le dedicas dos horas intensas a jugar con él, a platicar con él es mucho más importante que si estuvieras todo el día pegada a él, pero que no atiendas”.

Aún Ana Bárbara no está lista para separarse mucho tiempo de su hijo. Incluso no se atreve a dejárselo sólo al padre. Lo más difícil para ella fue tener que continuar con su carrera artística. “El remordimiento de trabajar y tener que dejar mucho tiempo solos a los hijos es inevitable”, dice. “Pero dejar de vivir tu vida por la de tus hijos no creo que sea correcto ni justo”.

Para Reinaldo Massoni Conti, siquiatra con tres décadas de experiencia en terapia de familia en México, la angustia de la separación de la madre al tener que alejarse de su hijo tiene una repercusión negativa en él. “Una madre es mucho más mamá cuando puede separarse de su hijo con control y disolver esa angustia”, dice Massoni Conti. “Una madre sobreprotectora le crea angustia al niño”.

Itatí Cantoral y sus gemelos

De todas formas a veces esas ansiedades no se pueden controlar. Si no, pregúntenle a la actriz Itatí Cantoral. Dejó de trabajar los primeros cinco meses después de nacer sus bebés, los gemelos Eduardo y Roberto Miguel, de 1 año. Con la ayuda de su esposo, el también actor Eduardo Santamarina, acoplaron su tiempo, para nunca dejar solos a los niños.

Cantoral, entonces, aceptó trabajar en la telenovela “Sin pecado concebido”. Cuando un día, dentro del estudio de grabación, su chofer le comunica que había llevado a uno de los pequeños para el hospital, “en ese momento me quité el apuntador”, recuerda Cantoral. “Me fui corriendo. No avisé ni pedí permiso”.

Cuando llegó al hospital, el niño estaba en terapia intensiva. Se había intoxicado con residuos de los productos con que habían fumigado la casa. Por suerte la recuperación fue rápida, pero desde entonces, Cantoral está pendiente todo el tiempo de sus hijos. “Muchas veces me los llevó al camerino y se pasean por todo Televisa”, dice.

Por ahora, Cantoral ha podido continuar desarrollando su carrera, dice, gracias a la ayuda incondicional de su marido. Cuando ella aceptó el compromiso de trabajar en una telenovela, Santamarina la apoyó en todo momento.

“Le dije: ‘Concéntrate en la novela y yo me hago cargo de la casa y los niños para que tú no estés preocupada’”, recuerda Santamarina. Ahora ambos trabajan los fines de semana en la obra de teatro Aventurera. Durante esas noches, la madre de Cantoral cuida de los niños. Incluso, Cantoral podría salir de gira con la obra a Estados Unidos, y hasta está en pláticas para protagonizar una telenovela en Brasil.

Vanessa Guzmán

Una que estuvo a punto de decirle adiós a la actuación fue Vanessa Guzmán. “Cuando me enteré que estaba embarazada fue difícil”, recuerda hoy con calma. En ese entonces tenía 23 años y estaba empezando su carrera. Para algunos era un obstáculo. Tenía un buen personaje en la telenovela “Tres mujeres”, y se detuvo un momento a meditar. “Dios me manda este paquete tan grande”, dice. “Tal vez mi carrera no es ser actriz sino madre”.

Por suerte se equivocó. Porque Guzmán, con su hijo, José Eduardo Rodríguez, de 2 años, ha podido solidificarse como una de las actrices más prometedoras de México. “Me hubiera lamentado en ese momento renunciar a eso por mi hijo”, dice Guzmán.

En la novela ella era una modelo. No se podía dar el lujo de aumentar de peso. Nadie supo que estaba embarazada hasta que terminaron las grabaciones. Luego la novela fue un éxito y decidieron reunir al elenco para continuarla. Ahí fue cuando estuvo a punto de renunciar.

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