Socorristas de la Cruz Roja rescatan los cadáveres de varias de las 10,000 víctimas mortales del terremoto del 23 de diciembre de 1972.

Cuando Managua se estremeció

12:23 de la madrugada del 23 de diciembre de 1972: un temblor de 7.2 grados en la escala Richter “pulveriza” la capital 29 años después, los sobrevivientes aún esperan la Navidade con cierto recelo y temor Benjamín Blanco [email protected] La mayoría de sobrevivientes del terremoto ocurrido en víspera de Nochebuena en diciembre de 1972, difícilmente […]

  • 12:23 de la madrugada del 23 de
    diciembre de 1972: un temblor de 7.2 grados en la escala Richter “pulveriza” la capital
  • 29 años después, los sobrevivientes aún esperan la Navidade con cierto recelo y temor

Benjamín Blanco [email protected]

La mayoría de sobrevivientes del terremoto ocurrido en víspera de Nochebuena en diciembre de 1972, difícilmente podrán olvidar aquella intensa Luna llena que, de alguna manera, brindó los primeros auxilios a los capitalinos sepultados entre escombros, tras una sacudida telúrica de 7.2 grados en la escala de Richter.

“Algo que no se me olvida, y yo creo que muy pocos podrán olvidar era la Luna de esa madrugada. Era Luna llena. Y al no haber luz eléctrica la Luna se destacaba porque la iluminación que daba era enorme, y eso ayudó a ver a la gente en medio de la oscuridad”, relató el señor José Porras de 58 años.

Durante un recorrido realizado por distintos barrios capitalinos, varios ciudadanos relataron a LA PRENSA sus recuerdos de aquella Navidad inolvidable que dejó un saldo de aproximadamente 10,000 muertos.

“Al menos nosotros los viejos, cada vez que se acerca la Navidad, pensamos en ese terremoto, es algo que vamos a seguir recordando por siempre”, expresó don Julio Cardoze, de 73 años, quien habita en el Barrio San Sebastián.

COMO ESTAMPIDA DE GANADO QUE CORRÍA

Don José Porras narró que “cada vez que se dejaban venir los temblores, se oía un sonido como que venía un tropel de ganado de la parte sur de Managua hacia el norte. Se oía ese estruendo como ganado corriendo. Y el miedo que se siente es terrible, la gente temblaba de miedo”, recordó.

Después de la sacudida más fuerte, a las 12 y media de la noche del 23 de diciembre, el señor Porras dice que en medio de la oscuridad de su casa buscó su pantalón y corrió hacia las casas de sus hijos a pocas cuadras de la suya en la Colonia 14 de Septiembre.

“Cuando iba corriendo en la calle, pude observar que en la parte baja de Managua había una iluminación enorme en el cielo, que después me di cuenta que era el incendio de los mercados Central y San Miguel, en eso vino otro temblor, porque eran muy seguidos, y hasta tenía que pararme con los pies abiertos para poder mantener el equilibrio, pues el jamaqueo era tremendo”, aseguró.

Cuando ya iba llegando a la casa de sus hijos, don José dice que se llevó tremendo susto al ver que una raya negra se venía abriendo en la tierra, como una zanja, que se detuvo a un metro de él. “Luego me di cuenta que debajo de esa zanja pasaba una tubería vieja”, agregó.

“Al llegar donde mis hijos, descubrí que a uno de ellos le había caído un bloque y le había fracturado la clavícula”, señaló.

MILES DE HERIDOS

Por su parte, el señor Róger Hidalgo recordó que a las cuatro de la madrugada de ese fatídico día, pasó cerca del Cementerio Oriental, y asegura que a esa hora vio que algunas personas ya se dirigían con ataúdes hacia el cementerio a enterrar a sus muertos.

“En todas las calles se podía ver a hombres o mujeres corriendo en ropa interior o con pantalones al revés, gente gritando como loca, llamando a algún familiar, a algún pariente.

Ya como a las cinco de la mañana había algunas tiendas de campaña de la Cruz Roja, pero eran tendaladas de gente vendadas, con sangre en la cabeza, señoras, señores, niños, jóvenes”, contó Hidalgo.

OTROS TESTIMONIOS

María Ampié Jarquín: “Vivíamos cerca de la Estación, cerca de la playa. Estábamos acostándonos. Sentimos un temblorcito como a las 10 de la noche, pero fue pasajero. Después fue que ya siguió aquello.

Se fue la luz y el agua. A una vecina amiga mía la mató una pared ese mismo día. En cada calle había muertos. Yo tenía listas unas gallinitas y el arrocito para la cena navideña”.

Víctor López Navarrete: “Yo vivía en el Barrio San Luis Sur, ya estaba acostado. Mi casa era como un galerón de madera y todas las tejas se vinieron al suelo y quedamos sin techo, pero nadie murió de mi casa. Pero hubo vecinos a los que se les cayó la casa, la mayor parte de las que se cayeron eran de adobe. La gente durmió debajo de los palos. Las casas más seguras eran las de madera. La gente no construía bien y todavía siguen construyendo mal”.

PRESAGIOS INOLVIDABLES

Además de la intensa Luna llena, la víspera del terremoto hubo otros detalles de esa noche que los supervivientes capitalinos no olvidan: el calor sofocante que se sintió antes de los temblores, el ladrar y aullar de los perros, y el inquietante cacarear de las gallinas, que aún se mantienen como presagios.  

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