Contra pornografía, castidad

Manuel Alexander Duarte En el caso de la propuesta de ley contra la pornografía, no se trata solamente de que limite parcial o totalmente la libertad de expresión. Se trata de que se está presentando, de manera distorsionada y equívoca, la sexualidad humana, de que no es lícito ofrecer a las personas como un objeto […]

Manuel Alexander Duarte

En el caso de la propuesta de ley contra la pornografía, no se trata solamente de que limite parcial o totalmente la libertad de expresión. Se trata de que se está presentando, de manera distorsionada y equívoca, la sexualidad humana, de que no es lícito ofrecer a las personas como un objeto egoísta de placer.

La sexualidad es un elemento básico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano.

Es un bien: parte del don que Dios vio que “era muy bueno” cuando creó la persona humana a su imagen y semejanza, y “hombre y mujer los creó” (Gn 1, 27) (1)

Los padres tenemos el deber de educar a nuestros hijos y cuidarlos. En esto deben incluirse los padres que fomentan la publicación y distribución de materiales que contienen un alto y explícito contenido sexual, que además son de fácil acceso, no sólo a los niños y jóvenes, sino a todo público, por más disfrazados o emplasticados que estén.

Para adquirir una correcta actitud hacia la sexualidad “los jóvenes deben ser instruidos sobre la dignidad, tareas y ejercicio del amor conyugal, sobre todo en el seno de la misma familia”, para ello es necesario que los mismos adultos recuperen los valores morales como la honestidad, la castidad y el dominio de sí.

La educación de los hijos a la castidad mira a conservar en la familia un clima positivo de amor, virtud y respeto a los dones de Dios, particularmente al don de la vida; a ayudarles a comprender el valor de la sexualidad y de la castidad y sostener su desarrollo con el consejo, el ejemplo y la oración; a ayudarles a comprender y a descubrir la propia vocación al matrimonio o a la virginidad.

Para rechazar la pornografía es necesario educarnos en la castidad, corporal, esponsal, de los sentidos, en la charla, en el trato hacia las personas (de ambos sexos) y en el respeto de nuestro propio cuerpo. En la misma medida en que en el hombre se debilita la castidad, su amor se hace progresivamente egoísta, es decir, deseo de placer y no ya don de sí.  

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