- Jefe policial dice que los abusos y abandono familiar son la causa
Heberto Jarquín/Corresponsal [email protected]
ROSITA.- Rosita es una intersección donde convergen las carreteras de toda la Región Autónoma del Atlántico Norte, esto la convierte también en un sitio de afluencia de mujeres que venden sus cuerpos, quienes llegan desde lugares como Paiwas, Río Blanco y comunidades del Río Prinzapolka.
Neethalia Herrera Cárcamo, dirigente del colectivo de Mujeres Gaviotas, aseguró que la extrema pobreza y la desintegración familiar, son los principales factores que favorecen la proliferación de la prostitución en la RAAN, de la que no escapan niñas y adolescentes.
LA PRENSA conversó con una menor de edad miskita de trece años, originaria de la comunidad de Sasha, quien ejerce la prostitución en las inmediaciones de la terminal de buses de Rosita.
Relató que hace aproximadamente seis meses ella trabajaba en un comedor cerca del puente de Kukalaya, donde llegó un camionero que le ofreció llevarla a pasear a Bilwi y aceptó sin sospechar que ese individuo la violaría más tarde. Desde ese momento se inició en el negocio de “hacer caricias”.
“Icela” otra adolescente de catorce años de edad, manifestó que hizo amistad con una “meretriz”, que había ejercido el oficio en las ciudades hondureñas de San Pedro Sula y La Ceiba, quien la convenció para que probara suerte y de esta forma, ingresó en el negocio.
El capitán Carlos Malespín Lorente, jefe de la Policía en Rosita, sostiene que muchas menores de edad, son objeto de maltrato, abusos físicos de parte de familiares y progenitores, que después optan por irse a la calle y de esta manera se inician en la prostitución.
Malespín opina, que el Ministerio de la Familia y las organizaciones encargadas de velar por la niñez, no tienen recursos para hacerle frente al fenómeno de la prostitución infantil.