La tiranía de las cifras: una sinopsis del mercado de trabajo

Luis A. Rivas * Hace algunos años un economista norteamericano influyente, ganador del Premio Nobel, escribió que “si la macroeconomía sirve de algo, debe ser capaz de entender y explicar el fenómeno del desempleo”. Al escribirlo, Robert Solow se refería al aumento súbito del desempleo en los países industrializados durante las últimas décadas. Pero es […]

Luis A. Rivas *

Hace algunos años un economista norteamericano influyente, ganador del Premio Nobel, escribió que “si la macroeconomía sirve de algo, debe ser capaz de entender y explicar el fenómeno del desempleo”. Al escribirlo, Robert Solow se refería al aumento súbito del desempleo en los países industrializados durante las últimas décadas. Pero es evidente que éste no es un problema exclusivo del mundo industrializado. Los países en vías de desarrollo sufren también de altos índices de desempleo. Y si se agrega lo que los economistas laborales definen como “subempleo”, el problema de este último grupo de países es aún más severo.

En Nicaragua el desempleo disminuyó considerablemente entre 1993 y 1998, pese a que en ese período la fuerza de trabajo creció mucho más rápido que la población. Esta relación entre la fuerza de trabajo y la población es característica de países que, como Nicaragua, tienen una población joven relativamente numerosa. Lo notable es que estos patrones demográficos no se tradujeran en un creciente desempleo.

Pero un indicador como la tasa de desempleo suscita más preguntas que respuestas. ¿Fue el aumento en el empleo uniforme a través de todos los sectores de la economía? ¿Hubo sectores que contribuyeron sistemáticamente a la creación de nuevos empleos? ¿Cuál fue la calidad de los nuevos empleos? ¿Fueron la mayoría de los nuevos empleos en el sector formal o en el sector informal de la economía? ¿Qué sucedió con la productividad de los nuevos empleos?

Todas estas preguntas son relevantes para los formuladores de política económica. Las respuestas que a continuación se sugieren están basadas exclusivamente en las encuestas de medición del nivel de vida de 1993 y 1998. Estas encuestas permiten estudiar el mercado de trabajo desde el punto de vista de los hogares y lo extraído de ellas refleja en gran medida la tendencia observada en el mercado.

Si se estudia la evolución del empleo por actividad económica entre 1993 y 1998, se pueden descubrir que: primero, las actividades que contribuyeron significativamente a la creación de empleos, registraron una alta proporción de empleos creados en empresas pequeñas, las cuales incluyen empresas familiares y empleo informal; segundo, las actividades que experimentaron disminuciones absolutas de empleados, presentaron las mayores disminuciones entre empresas grandes; tercero, a pesar de que el número de trabajadores cubiertos por el seguro social aumentó en la economía, el número de trabajadores cubiertos como proporción del número total de trabajadores (incidencia) disminuyó; cuarto, el número de trabajadores que reportaron un segundo empleo aumentó en todas las actividades económicas. Estos cuatro aspectos corroboran lo observado: una proliferación de empresas agrícolas pequeñas, comercio informal y actividades informales en general.

Estos patrones están generalmente asociados a una caída en el salario real. Y en efecto, el ingreso laboral real de los individuos que conforman los hogares disminuyó durante este período. En algunas actividades la erosión alcanzó el 30%. Sólo en una actividad el salario real aumentó significativamente: la actividad financiera. Al mismo tiempo, la productividad (en términos de valor agregado) también disminuyó en casi todos las actividades. Sólo las actividades financiera y electricidad/gas/agua, observaron aumentos en productividad.

La actividad financiera experimentó una disminución en el empleo con aumentos en el salario real y la productividad. Esto fue consistente con el aumento en la eficiencia y la reasignación del empleo que resultaron de la apertura financiera del período, incluyendo la liquidación de la mayoría de las entidades financieras estatales y la participación incremental de entidades financieras privadas. La actividad electricidad/gas/agua, compuesta en gran parte por empresas de utilidad pública, se vio afectada por una serie de reformas encaminadas a preparar las empresas para su eventual privatización. Por tanto, su desempeño es consistente con lo observado en otros países que han implementado reformas similares: aumentos en productividad con reducciones en el empleo y el salario real.

Es difícil señalar con precisión cuáles han sido las causas de la evolución del mercado de trabajo en Nicaragua. A fin de cuentas, la economía experimentó una liberalización a gran escala durante los noventa, acompañada de un conjunto de políticas y reformas enfocadas en la estabilización de la economía y en mantener la estabilidad. Una forma de empezar es describiendo lo acontecido en términos de variables laborales básicas, como aquí se he planteado. En particular, es importante para los formuladores de política económica conocer a fondo lo sucedido en el mercado de trabajo: si bien es cierto que el empleo aumentó durante el período, tal incremento ocurrió simultáneamente con una expansión en el empleo informal, lo cual estuvo íntimamente ligado a la erosión de los salarios reales y la caída en la productividad.

Sería una caricatura pensar que un país padece solamente de un alto desempleo o solamente de una creación de subempleos. Después de todo el aumento relativo del subempleo puede ser visto como el precio a pagar por reducir el desempleo. De hecho, algunos sostienen que las reformas laborales encaminadas a flexibilizar el mercado de trabajo pueden haber fortalecido la dualidad observada. Pero también se puede argumentar que es precisamente la regulación del mercado la que ha contribuido a su segmentación. Las implicaciones de política que se pueden derivar dependen por ende de si la explicación del fenómeno es el grado de regulación o si radica en otras imperfecciones inherentes del mercado de trabajo nicaragüense.

A pesar de estas dificultades, se pueden derivar de lo anterior algunas lecciones importantes para el futuro. Primero, los patrones de propiedad, entre público y privado, han jugado un papel crucial en términos del empleo. Al contrario de lo sucedido en otros países, muchos de los sectores que experimentaron una privatización a gran escala, no parecen haber tenido un impacto favorable en términos de productividad. Esto puede servir para que las empresas que se privaticen en el futuro obtengan los incrementos en productividad que en general acompañan a estos procesos. Segundo, el singular desempeño del sector financiero, sugiere que las reformas graduales traen consigo grandes beneficios. Las deficiencias de supervisión y regulación prudencial que aparentemente contribuyeron a la reciente crisis bancaria, no restan valor a las notables ganancias en productividad y salarios que resultaron de la desregulación de la actividad financiera.

C. S. Lewis afirmó que “la mente humana tiene generalmente una mayor disposición por formar un juicio favorable o desfavorable que por describir y definir”. Al describir la evolución del mercado de trabajo, utilizando agregados laborales básicos, y desde el punto de vista de los hogares, he intentado suprimir en lo posible esa disposición natural de hacer de cada distinción una distinción de valor. El verdadero propósito ha sido ofrecer a los que toman decisiones, información adicional sobre un aspecto económico relevante, que de ser relegado a un segundo plano puede tener consecuencias sociales adversas.

* Profesor Visitante en Vanderbilt University y funcionario del Banco Central de Nicaragua.

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