El tema de los salarios de los Ministros se ha vuelto un asunto de polémica nacional y mucho se ha hablado de lo que pueden llegar a devengar los ministros ya nombrados.
Se ha especulado con diferentes cifras que se estiman convenientes a partir de su estatus como Ministros, pero no a partir de otras variables que deban necesariamente ser consideradas.
En vista de que funcionarios ya nombrados han manifestado que se encuentran consultando con la sociedad civil el monto al que debiera ascender sus sueldos, me permito aportar algunas ideas que podrían ayudar a construir una matriz de la que pudiese derivarse el sueldo de cada funcionario, porque considerar que todos ellos, por el hecho de ser Ministros debiesen tener el mismo salario, no constituye el mejor parámetro, pues no todos tienen la misma capacidad ni la misma responsabilidad e importancia en sus obligaciones.
Cabe entonces preguntarse: ¿Está actualmente laborando la persona que deseo juntar a mi equipo de trabajo? Si la repuesta es positiva. ¿Cuánto está ganando? ¿Qué posibilidades de ascenso tiene en la empresa en que labora? ¿Tiene futuro en ella? ¿Ya llegó hasta donde podría ascender? ¿Cuanto más de dinero sería suficiente para incentivarlo o motivarlo, y atraerlo a mi lado?
¿Cuáles son las funciones específicas que va a desarrollar? ¿Qué preparación requiere el cargo específico que voy a contratar? ¿Cuánto vale esta persona en el mercado local? Si yo no lo contrato y lo hace alguien más, ¿cuánto le podrían ofrecer? Si es un empresario privado, me preguntaría además: ¿Cuál es su verdadera capacidad? ¿Cuánto considero que vale esta persona para este puesto específico? ¿Qué otros incentivos puedo otorgar para hacer mi propuesta más atractiva?
Se puede añadir una serie adicional de preguntas que enriquecerían aún más las bases para establecer esa matriz. Mi idea sólo ha consistido en aportar algunos puntos de vista para que puedan ser tomados en consideración y dejar claramente establecido que el hecho de ser Ministro no implica el mismo salario para todos.
Don Enrique tiene la última palabra.
José Santos Tinoco
Estudiante de Administración