Lucha contra la corrupción

Manuel de Jesús Sánchez Berríos A como expresé en el primer artículo de esta serie, “Economía, austeridad y vocación en el nuevo gobierno”, ese es el tratamiento general, pero sus recetas son: simple eliminación de ostentaciones, disciplina, control, mentalidad y actitud de cambio, modernización y reforma que se combinan y luego de conjugar con la […]

Manuel de Jesús Sánchez Berríos

A como expresé en el primer artículo de esta serie, “Economía, austeridad y vocación en el nuevo gobierno”, ese es el tratamiento general, pero sus recetas son: simple eliminación de ostentaciones, disciplina, control, mentalidad y actitud de cambio, modernización y reforma que se combinan y luego de conjugar con la quinta receta: lucha contra la corrupción.

Porque continuar con el exceso de lujos, gastos innecesarios y despilfarro, es corrupción; seguir con pérdidas de tiempo en el trabajo, impuntualidad, negligencia, falta de supervisión y evaluación, es corrupción; no querer cambiar, tratar mal al público, ocultar información, no tener disposición ni voluntad, es corrupción; no aceptar la modernización, ni querer someterse al Estado de Derecho, es corrupción; y no hacer nada o callar ante los actos de corrupción, es también corrupción.

Los funcionarios públicos deberán luchar contra los privilegios, el nepotismo, el arribismo, el abuso y la mala administración de los fondos públicos.

En buen nicaragüense, estamos enfermos de corrupción, y en todas las instituciones del Estado hay corrosión de la organización, provocada por este peligroso flagelo, se dice que donde se apriete saldrá pus.

La lucha contra la corrupción debe comenzar por dar el ejemplo, siendo puntual, entregado, ahorrador, austero y transparente.

Se deben tomar medidas enérgicas, correctivas y de limpieza contra todos aquéllos que sacan ganancias y beneficios a través de las transacciones, contratos, licitaciones, licencias, permisos, actos, trámites y otros procedimientos del Estado.

La lucha contra la corrupción significa al final, tener una firme decisión y un sobrado valor de eliminarla, pues nuestra sociedad ya está cansada, y no acepta que funcionarios pagados por ella, continúen callando y no haciendo nada.  

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