Escuadrones matan niños y adolescentes en Honduras

AFP SAN JOSÉ.- Con la muerte del joven Isaac Lara, de 16 años, el pasado jueves en un suburbio de Tegucigalpa, son ya 1,000 los niños y adolescentes asesinados en las calles hondureñas desde enero de 1998, según el informe de un organismo de defensa de los Derechos Humanos. La dramática cifra de niños asesinados […]

AFP

SAN JOSÉ.- Con la muerte del joven Isaac Lara, de 16 años, el pasado jueves en un suburbio de Tegucigalpa, son ya 1,000 los niños y adolescentes asesinados en las calles hondureñas desde enero de 1998, según el informe de un organismo de defensa de los Derechos Humanos.

La dramática cifra de niños asesinados en ese país centroamericano fue denunciada por la organización Casa Alianza, protectora de la niñez en América Latina.

Según ese organismo no gubernamental, con sede en la capital costarricense, cada mes son asesinados un promedio de 50 niños y jóvenes menores de 23 años, y más de la mitad de las muertes corresponde a menores en edades de entre 16 y 17 años, según la organización defensora de la niñez.

La última víctima fue baleada y su cuerpo fue hallado por sus familiares en un barranco del barrio del Divino Paraíso, un suburbio de la capital hondureña.

Como acto de repudio a las ejecuciones, los niños y niñas de la calle liberaron el martes, en Tegucigalpa, 1,000 globos blancos, por cada uno de los jóvenes asesinados desde el primero de enero de 1998.

Organismos de Derechos Humanos sostienen que escuadrones de la muerte, en los que participan algunos policías y agentes de seguridad privados, están llevando a cabo lo que parece ser una “limpieza social”.

Las denuncias, incluso, motivaron la visita, en junio pasado, de la relatora especial para las ejecuciones extrajudiciales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Asma Jahangir, quien citó el involucramiento de la Policía en una cantidad significativa de los casos, y la “indiferencia” gubernamental ante esos crímenes.

Los ajusticiamientos extrajudiciales son una respuesta a la violencia juvenil pandillera que asola el país centroamericano.

Las “maras” o bandas juveniles despliegan una encarnizada lucha entre sí, que ya ha dejado decenas de muertos este año, por el dominio de territorios donde asaltan y asesinan a sus víctimas.

Los delitos afectan a los pobladores de las principales ciudades del país (Tegucigalpa y San Pedro Sula), pero también a pueblos o aldeas remotas. Las pandillas juveniles en Honduras tienen un total de 31,164 miembros y 70,000 simpatizantes, según datos de la Policía, que se declara impotente para detenerlas, y que son consideradas uno de los principales problemas de inseguridad ciudadana en el país.  

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