- Dicen que fue cruel e inhumano, pero no prendió fuego a Roma
Pedro AlonsoEFE
LONDRES.- Nerón (37-68 d.C.) fue un emperador cruel e inhumano, pero no prendió fuego a Roma, más bien fueron saboteadores cristianos y judíos quienes incendiaron la “Ciudad Eterna”.
El fuego que arrasó la mayor parte de la vetusta urbe romana en el año 64 d.C., ha sido tradicionalmente atribuido a la cólera de Nerón y su deseo de aniquilar a sus detractores.
Pero según una nueva investigación que el Canal 4 de la televisión británica divulgará hoy, la culpabilidad del infame emperador es fruto de la propaganda de escritores pro cristianos y judíos.
El autor del estudio, Gerhard Baudy, profesor de Historia en la Universidad de Konstanz en Baviera (Alemania), sostiene que las llamas se declararon como parte de una revuelta de incontrolados que soñaban con la caída del Imperio.
En aquellos días de zozobra, explica Baudy, panfletos que predecían el inminente final del mundo y la venida del Mesías cayeron en manos de cristianos y judíos de Roma, que interpretaron el mensaje como una invitación a la insurrección.
“Es muy improbable que este incendio fuese un accidente. Las expectativas que despertaba la profecía eran tan grandes entre la gente que tuvo que ser un acto deliberado”, indica el profesor.
“Los cristianos —continúa— odiaban Roma y creían en la profecía que Jesucristo derrotaría al mal con un gran fuego o cataclismo”.
La teoría contrasta con la de otros expertos que no acaban de ponerse de acuerdo en el origen de la devastadora pira.
COMIENZO DEL FIN
Sucesor de Claudio y responsable del Gobierno del Imperio desde el año 54 al 68, Nerón cometió excesos que terminarían pasándole factura.
Despilfarró sin límite el dinero público, organizó extravagantes orgías, y obligó a los romanos a escuchar sus recitales.
Sus fechorías escandalizaron a patricios y plebeyos, y aturdieron los oídos de la aristocracia militar, partidaria de los ideales puritanos de la República que sus antepasados habían gobernado antes de los césares.
El emperador acusó de la catástrofe a los cristianos y ordenó ejecutar entre 200 y 300 de los 3,000 que habitaban Roma.
Según el historiador latino Tácito, muchos cristianos fueron cubiertos de alquitrán y usados como antorchas para iluminar al insomne Nerón durante sus paseos nocturnos en los jardines de su residencia.