Atrapados por su destino

María Antonia López M. [email protected] “Estamos con los brazos cruzados. A los trabajadores sólo les estamos dando un poco de comida, no les hemos pagado 12 catorcenas. Mi marido está desesperado, no ha podido conseguir financiamiento”, fueron los lamentos de Reina Isabel Moreno, esposa del propietario de la Hacienda El Espino, en Jinotega, al ver […]

María Antonia López M. [email protected]

“Estamos con los brazos cruzados. A los trabajadores sólo les estamos dando un poco de comida, no les hemos pagado 12 catorcenas. Mi marido está desesperado, no ha podido conseguir financiamiento”, fueron los lamentos de Reina Isabel Moreno, esposa del propietario de la Hacienda El Espino, en Jinotega, al ver la situación por la que está atravesando el sector cafetalero.

Relató que el año pasado para esta fecha ya habían contratado 600 trabajadores, pero en los campamentos solamente tienen cuarenta personas. Desde la temporada anterior no lograron financiamiento. La comida que se les daba a los obreros no ha sido cancelada, por lo que el abastecedor se está quedando con parte de la cosecha. Han pensado hasta en vender la hacienda, pero tampoco en estos tiempos encuentran compradores.

El Espino es una de las haciendas del sector conocido como El Zarallal, de mayor producción; sin embargo, este año las perspectivas son otras. Los vehículos que poseían para sacar el café los han entregado en pago o vendido para cancelar deudas.

En esta misma finca hay varias familias que viajaron desde Granada contratados para realizar las labores primarias antes del corte. Ahora no pueden salir de allí, el motivo es más que suficiente: no tienen dinero para movilizarse.

Julio César Enríquez Dávila al explicar la situación que atraviesan expresó que “trabajamos con un contratista, pero el dueño de la finca no ha pagado. No podemos irnos, el pasaje hasta Granada nos cuesta 80 pesos y si nos vamos tenemos que regresar a cobrar. Sólo en eso gastaríamos los 3,500 córdobas que nos deben”.

Mientras Julia García, quien acompañó a su marido, dijo: “es una situación crítica. A veces no tenemos ni para la leche de los cipotes. Ellos tienen que hacer algún trabajo que no está en el contrato para conseguir comida de la hacienda y no morirse de hambre”.

El mandador de El Espino, Ramiro Castro Herrera, explicó que cada ocho días el patrón les entrega un paquete de comida que no ajustan y se ven obligados a rebuscarla de otra manera.

También a ellos les deben varias catorcenas, pero no se pueden ir a otro lado, porque la situación es igual o peor en otras fincas.

“Estamos aquí porque conseguimos la comida y esperamos que el dueño nos pague. Los otros trabajadores también dicen lo mismo, por eso se han quedado”, agregó.  

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