¿Y ahora?.. ¡A trabajar!

Edgard Rodriguez C. [email protected] Hace unos años, en medio de un agitado diálogo de una novela brasileña, uno de los personajes dijo al otro: “Si realmente me odias, pues envíame al Líbano o a Nicaragua”. No hizo falta que agregara: “para que me maten”. Para entonces, eran los días en los que aquella nación del […]

Edgard Rodriguez C. [email protected]

Hace unos años, en medio de un agitado diálogo de una novela brasileña, uno de los personajes dijo al otro: “Si realmente me odias, pues envíame al Líbano o a Nicaragua”. No hizo falta que agregara: “para que me maten”.

Para entonces, eran los días en los que aquella nación del cercano oriente, junto al Mediterráneo, se debatía en cruentas guerras. Los cristianos contra musulmanes y luego la ocupación por parte de Israel, para seguir siempre agitada.

Ah, bueno, y nosotros no nos quedábamos atrás. Aún no habíamos evolucionado y no podíamos entender que debíamos respetar al que pensara distinto, mientras nos enfrascábamos en guerras que nunca dejaron ganadores.

Desgraciadamente esas eran las imágenes que proyectábamos al mundo. Sin embargo, desde el viernes 23 de noviembre, Nicaragua ha obtenido la oportunidad de mostrar que somos capaces de hacer cosas buenas.

Nicaragua ha conseguido la sede para organizar los VIII Juegos Deportivos Centroamericanos y más que una celebración momentánea, tal hecho es un enorme reto que podremos cumplir sólo con el concurso de todos. No hay otra manera.

Como decíamos ayer —y no necesariamente parafraseando a Fray Luis de León— lo más fácil es llegar a la conclusión de que no podemos, de que no tenemos instalaciones, de que no hay presupuesto, en fin, todo el pesimismo extremo que nos caracteriza.

Pero si el primer gran responsable de esta empresa, que es el presidente electo, Enrique Bolaños no parece asustado ante el reto, ¿por qué hemos de estarlo nosotros?, cuando lo que nos queda en realidad, es apoyar el esfuerzo en beneficio del país.

Obtener esta sede y echar a andar el proyecto verdaderamente, implica un enorme sacrificio, pero en este momento, quizá no tengamos una idea clara de los grandes beneficios que debe traer para el futuro del país. Apoyar es casi una obligación.

Con los Juegos se han de generar centenares de fuentes de trabajo, pero por sobre todo, se estará sembrado para un futuro mejor. Está comprobado que país que respalda el deporte, no sólo tiene una población más saludable, sino mejores ciudadanos, capaces de competir y de respetar.

Ojalá no dejemos escapar este chance. No es fácil. El sacrificio será enorme, pero será mayor la cuota de satisfacción. Y quizá entonces volvamos a aparecer pero no sólo de aquel modo en las telenovelas, sino como un país capaz de coexistir pacíficamente.

Un primera misión tiene que ser definir a lo inmediato equipos de trabajo para la elaboración de presupuestos y planes. Eso es más urgente de lo que podemos imaginar. Además que sólo con el proyecto formulado, se podrá gestionar la ayuda.

“Pienso que mi gobierno puede ofrecer un considerable respaldo para el montaje de los Juegos”, me dijo el buen amigo Jaime Chuang, Consejero de Prensa de la Embajada de China aquí. Así que el futuro no puede ser más favorable. No dejemos escapar este chance.  

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