El riesgo de la convertibilidad

Néstor Avendaño Después de las elecciones presidenciales, desapareció el riesgo inmediato de que la tasa de encaje legal volviera a subir 3 puntos adicionales, en detrimento de la liquidez y del crédito y a favor de una mayor desaceleración del crecimiento económico, porque se restableció la “confianza” en la inversión financiera en el país. Con […]

Néstor Avendaño

Después de las elecciones presidenciales, desapareció el riesgo inmediato de que la tasa de encaje legal volviera a subir 3 puntos adicionales, en detrimento de la liquidez y del crédito y a favor de una mayor desaceleración del crecimiento económico, porque se restableció la “confianza” en la inversión financiera en el país.

Con la ayuda de una tasa de descuento máxima dolarizada de 17.35% para las colocaciones de Certificados Negociables de Inversión (CENI) a un plazo de 1 año, que implican una tasa de rendimiento de 20.58%, el Banco Central de Nicaragua (BCN) pudo colocar C$402 millones, equivalentes a US$30 millones, en cuatro subastas realizadas en este mes.

La subasta de CENI ha facilitado al BCN una compra neta de US$15 millones en las tres primeras semanas de noviembre, ya que trata a toda costa el colapso de las reservas internacionales oficiales. Por eso, la cancelación de esta deuda de corto plazo en concepto de emisión de CENI, que a la fecha suma un monto equivalente a US$142 millones equivalentes a 47% de las reservas internacionales brutas, provocará un deterioro en la posición de dichas reservas y pondrá en riesgo la libre convertibilidad, más aún si la administración Bolaños no reduce el gasto público.

Sin embargo, el pago de intereses a los compradores de CENI significará más gasto para el gobierno central, porque las pérdidas del BCN, que están asociadas y prácticamente identificadas con ese pago de intereses y con el pago del mantenimiento de valor de esos CENI, deben, por ley, ser canceladas por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público. Fácilmente se estima que las pérdidas del Banco Central se aproximan a un monto equivalente a US$200 millones en estos últimos cinco años.

Lo que no se evalúa en la actualidad, es la incidencia de estas operaciones de mercado abierto, o sea las colocaciones de bonos y certificados del BCN, sobre la carga futura del servicio de la deuda pública interna, ya agobiante para la próxima administración pública que tendrá que pagar las recientes quiebras bancarias fraudulentas e iniciar el pago de la indemnización a la propiedad confiscada en la década de los ochenta.

El círculo vicioso “compra de dólares por parte del BCN-colocación de CENI del BCN-aumento de reservas oficiales del BCN” tiene un límite, determinado no sólo por la posición financiera del mismo BCN, sino también por el nivel de riesgo que están dispuestos a tomar los inversionistas que compran CENI. Y es muy riesgoso invertir en una operación financiera que se da con una tasa de rendimiento del 20.6% cuando la tasa de interés LIBOR a 1 año de plazo es de 2.5%, la tasa de la Reserva Federal de los Estados Unidos es de 2.0% y la Prime Rate es de 5.0%.

Y del riesgo también no está exenta la convertibilidad, que garantiza que todo el flujo de dólares proveniente del exterior hacia el BCN se traduzca a córdobas circulantes y en aumento de crédito y de gasto público; pero también garantiza el retorno de los córdobas al BCN cuando éstos se traducen a dólares.

Sin tomar en cuenta la masiva deuda de corto plazo del BCN en concepto de emisión de bonos y certificados, actualmente en Nicaragua, en convertibilidad, la emisión de C$13.75 debe estar respaldada por US$1.00 en las reservas internacionales netas y, en caso contrario, cada dólar que se va de las reservas internacionales netas significa trece córdobas con setenta y cinco centavos de córdoba menos en circulación.

Una parte de los dólares que salen del Banco Central de Nicaragua se quedan en el país e ingresan en el circuito financiero de la banca privada comercial, por ejemplo, cuando el BCN paga los Bonos en Moneda Extranjera (BOMEX) a la banca privada del país (que son colocados a plazos de uno a dos días a final de cada trimestre para aparentar el cumplimiento de la meta de reservas frente al Fondo Monetario Internacional), pero una gran parte de esos dólares que salen de las reservas internacionales no se quedan en el país: por ejemplo, en el transcurso de este año se ha pagado deuda externa con divisas líquidas por US$105 millones y la venta neta de divisas del BCN al sector privado suma US$130 millones, que son utilizadas principalmente para financiar importaciones y “dolarizar” la cancelación de los CENI.

Siempre sin tomar en cuenta la deuda de corto plazo de emisión de títulos valores del BCN, de acuerdo con los niveles actuales de la base monetaria del país, C$2,888 millones, y el saldo de las reservas internacionales netas, US$128 millones, la paridad cambiaria se aproxima a C$23 por US$1.00, o sea, un dólar de reserva internacional neta respalda a veintitrés córdobas circulantes.

Ante esta situación, el BCN, en su afán de buscar dólares para disminuir la paridad cambiaria arriba mencionada y aproximarla al tipo de cambio oficial, ha montado un festival de bonos, sin medir las consecuencias financieras para el Presupuesto Nacional. Hoy circulan, además de los CENI y los BOMEX, los Títulos Especiales de Inversión (TEI), que son colocados exclusivamente en el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (Inns), y los Títulos Especiales (TEL) que se emiten para pagar intereses sobre los depósitos de encaje asociados con el último aumento marginal de tres puntos porcentuales de la tasa de encaje legal (de 16.25% a 19.25% a partir del 1 de septiembre).

Y entre esos papeles o bonos, los CENI son emitidos en una forma desmedida, independientemente de la futura capacidad de pago del gobierno central, dicho sea de paso, de los contribuyentes nicaragüenses. Además, existen distintas clases de CENI, tales como para la compra de dólares del BCN dirigidas a “fortalecer” reservas internacionales y pagar deuda pública externa, para financiar los costos de las quiebras bancarias y para financiar la deuda de los cafetaleros a la banca privada del país.

Ese manejo de la política monetaria ayuda a explicar la desaceleración económica nacional, y ésta ha provocado una caída real de la recaudación de impuestos en el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (ya que la libre convertibilidad impide que el exceso de gasto público no pueda ser financiado con emisión de dinero), y el tesoro de la nación no cumple oportunamente el pago a sus proveedores de bienes y servicios, entre ellos los empleados del gobierno central, que reciben sus sueldos con cierto retardo, y las empresas constructoras nacionales, que esperan el pago de la ejecución de las obras viales.

La actual desaceleración económica no es sólo consecuencia de la falta de dinero que circula fuera del Sistema Financiero Nacional, que ha disminuido en un monto equivalente a US$9 millones en el transcurso de este año, pero esa escasez de efectivo es una limitante más para la recuperación económica. Es necesario asegurar liquidez para facilitar el crecimiento económico. Ese es el tema central de la administración del Ing. Enrique Bolaños, o sea centrar más la atención sobre el desempleo y el insuficiente crecimiento económico.

Pero otros dicen que se ha dado un alto crecimiento económico en el país especialmente durante estos últimos dos años; con la alta tasa de desempleo que tenemos, casi 1/4 de la población económicamente activa, sobran los comentarios.

El autor es Economista.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí