Hijalmar PadillaENVIADO ESPECIAL / GUATEMALA [email protected]
La medalla de oro conquistada por el nicaragüense Byron Talavera Ramírez, en karate do, tiene sabor a frijoles y arroz.
Talavera Ramírez es uno de los casi 200 atletas pinoleros que llegaron a los VII Juegos Centroamericanos abrigados con la esperanza de un milagro.
De origen pobre, con una pequeña familia que alimentar, Talavera es un reflejo más de la titánica lucha que sostienen los deportistas criollos para sobresalir a base de sacrificio mediante un esfuerzo propio.
“Esta medalla me cuesta sudor y sangre”, dice este joven karateca de 26 años de edad. “Pero, así es. Tengo que luchar solito para poder sobresalir”.
A lo largo de los 10 años de haberse decidido a practicar el karate do, este deportista originario de Ticuantepe, nunca había tenido que batallar tanto contra las adversidades.
“Bueno yo soy como mi papá Miguel Talavera y mi mamá, Lila Ramírez, que sobreviven en la vida a como sea. Mi papá trabaja en todo. Puede ser desde albañilería hasta en fontanería”, agrega.
“Por eso es que yo estoy intentando superarme. Trabajo como instructor de karate en la UCA y estudio Ingeniería Agrícola en la UNI-Rupap”.
NO ES RESENTIDO
Ciertamente Byron Talavera no tendrá como premio los 10,000 quetzales (unos 1,200 dólares) que por ejemplo recibirá cada atleta guatemalteco que conquiste medalla de oro en estos Juegos.
De hecho este esforzado medallista pinolero jamás contó con un apoyo concreto de las autoridades deportivas correspondientes por encontrarse éstas manos arriba desde hace años tras no poseer un presupuesto gubernamental sólido.
“Yo compito y lo seguiré haciendo con la mente en el país. Independiente de que a los deportistas nacionales no nos apoye el Gobierno, siempre nos sentimos nicaragüenses y eso me provoca satisfacción”, sostiene como resignado a la triste realidad.
SÍ SE PUEDE
Con la medalla de oro ganada en los 80 kilos, derrotando en Kumite (combate) al guatemalteco Roberto Ramírez, Talavera volvió a demostrar que querer es poder, aun en medio de las tribulaciones.
“!Ah!, entrené como condenado. Desde enero venía cumpliendo con un pesado plan de entrenamiento que implicó realizar mucha física. El fogueo también fue bien duro. Por fortuna todo me salió bien porque llegué aquí en buena forma deportiva”.
Efectivamente, este ejemplo de lucha y sacrificio no escatimó energía mientras en el transcurso de los últimos 11 meses se las ingenió para entrenar de 7 a 10 de la mañana, trabajar de 1 a 3 de la tarde, estudiar de 3 a 5, otra vez a trabajar de 5 a 6 y de 6 a 8 de nuevo pegarse al estudio.
“No gané dos de oro como tenía planificado, sin embargo, me siento feliz por haberle dado este regalo a mi patria. Lo hice por todos los karatecas nicaragüenses, por todos los deportistas de mi país”, indica con visible humildad.
A FONDO CON TALAVERA
¿La clave para sobresalir entre las adversidades?
“Olvidar los problemas y concentrarse en una meta. Cierto, no vivimos en un país de grandes oportunidades, pero debemos de hacer un esfuerzo. Hay que sacrificarse”.
¿Ayuda de la familia?
“Ellos, mi papá y mí mamá, me apoyan pese a que son muy pobres. Incluso, cuando yo agarró mis ‘billetitos’ ayudó en casa y sobre todo ahora que mi señora, Gabriela Meléndez, me tiene una bebita de cuatro meses”.
¿Cómo te recibirán en casa?
“Felices porque saben que me ha costado llegar hasta esta medalla. Lo mío no es fácil”.
¿Qué tan difícil ha sido?
“Bueno, que casi todo esto es puro arroz y frijoles. Es más, a veces me ha tocado hacer sólo un tiempo de comida. Hubo ocasiones en las que mi entrenador, Angel Arró, me tuvo que apoyar para buscar mí alimentación”.
¿Aun así, vas a seguir compitiendo, porque te has ganando un puesto para ir a los Juegos Centroamericanos y del Caribe del próximo año en El Salvador?
“Voy hacerlo, a seguirle cumpliendo a Nicaragua con fuerza y voluntad. Vamos a continuar aunque sea a punta de arroz y frijoles”.
Así se hace deporte en nuestras tierras.