BANGI, Afganistán/AP
El avance de ayer a Kunduz pareció una carrera para apoderarse del botín del frente oriental de batalla; los generales de la oposición rivalizaban en sus reclamos del último bastión Talibán en el norte, y sus codiciados camiones, tanques y camionetas.
La colocación de fuerzas para asegurarse los vehículos y el armamento pesado, ha sido la prioridad de los comandantes del nordeste, en cuyo territorio está Kunduz, ya que saben que al más prominente de los generales de la Alianza, Rashid Dostum, también se le antojan.
“No debe haber problemas en el futuro, debemos dividirlo bien entre los grupos”, explicó Taj Mohammed, principal comandante del frente de batalla bajo las órdenes del general Daoud Jan, de la alianza opositora.
“Estaré muy contento cuando pueda vencer a los terroristas internacionales, y también espero poder tomar un auto”, dijo Maraj Adin, ansioso combatiente de 16 años, que lleva un Kalashnikov al hombro y repite marcas de automóviles: “Datsun, Toyota”.
Al final fue Dostum quien mandó a los primeros combatientes dentro de Kunduz, tras la toma de Mazar-e-Sharif.
Y a Daoud —que horas antes había dicho que aquel “jamás” entraría a Kunduz— no le quedó más que insistir en que no hay competencia alguna dentro de la Alianza.
“No hay diferencia entre un soldado de Dostum y uno de los míos”, declaró. “Estoy seguro de que no habrá combates en el futuro”, agregó.
Quién reclamará el control de la Alianza es una cuestión que aún debe debatirse, y una de las cosas en juego en la batalla contra los Talibán, además de los automóviles.
Mientras la guerra continúe, los combatientes de la Alianza tendrán una meta más elevada que los unirá: deshacerse de los combatientes extranjeros aliados de los Talibán, a quienes odian como invasores.
“Sólo deseamos que los extranjeros se vayan”, dijo el combatiente de 16 años, y agregó que al final no le importa si Dostum toma Kunduz, y sus automóviles. “Queremos paz, no autos”.