Doña Elvira Peralta Blandón llora desconsolada ante la triste realidad de haber perdido a su hija.

Obsesión fatal

Criminal es hijo de un capitán de la Policía Nacional, cuya arma usó Jovencita no tuvo oportunidad alguna de salvar su vida Mario Sánchez P. y Euclides Cerda [email protected] El crimen de Lidia Peralta Blandón ocurrió a eso de las 8:30 de la mañana de ayer, cuando regresaba de llevar a su hermanita de seis […]

  • Criminal es hijo de un capitán de la Policía Nacional, cuya arma usó
  • Jovencita no tuvo oportunidad
    alguna de salvar su vida

Mario Sánchez P. y Euclides Cerda [email protected]

El crimen de Lidia Peralta Blandón ocurrió a eso de las 8:30 de la mañana de ayer, cuando regresaba de llevar a su hermanita de seis años a la escuela del sector.

La acompañaba un adolescente de 17 años, del que supuestamente era novia, quien fue testigo del crimen ocurrido cuando les faltaba media cuadra para llegar a la casa de ella, ubicada de los semáforos de La Robelo, en la Carretera Norte, ocho cuadras al lago, una abajo y media al lago.

TESTIMONIO

Patricia González, quien escuchó los reclamos de Álvaro José Gutiérrez Mendoza, dijo que éste alcanzó a Lidia en ese sitio, y encendido por los celos al verla con el joven vecino de 17 años, comenzó a reclamarle.

“Yo escuché cuando ella le dijo: Andáte de aquí, por favor dejáme en paz que no quiero nada con vos”, expresó González, quien agregó que seguidamente escuchó dos balazos y vio que la chavala se desplomó cayendo hacia atrás, boca arriba.

Después que Gutiérrez fallara el primer balazo contra la joven, disparó de nuevo, y esta vez el proyectil le penetró detrás de la oreja izquierda, destrozándole la cabeza. El disparo, a la vez, perforó el vidrio trasero de un vehículo que estaba estacionado en la vivienda por cuya acera pasaba Peralta Blandón.

VIVE Y DEJA VIVIR

Según un amigo de la víctima, que no quiso revelar su nombre, Lidia había escrito una carta el jueves y se la hizo llegar con una amiga a Gutiérrez Mendoza, en la que le pedía que dejara de acosarla, que la dejara tranquila y que él viviera su vida.

Otros amigos de la joven asesinada afirmaron que Gutiérrez Mendoza también había escrito tres cartas que días antes entregó a otras personas, en las que advertía que no permitiría ver a Lidia con nadie, y que prácticamente la amenazaba de muerte.

PERSUASIÓN

Un oficial de patrullas de la Ajax Delgado que capturó a Gutiérrez Mendoza, relató que para detenerlo hubo que persuadirlo durante casi media hora para que se entregara y depusiera el arma.

Si Gutiérrez Mendoza hubiese puesto resistencia, habrían tenido que matarlo porque estaba exponiendo la vida de los pobladores y de los mismos uniformados, quienes al final lograron controlarlo al hacer primero un disparo de advertencia al aire y otro que le hirió la mano izquierda. Seguidamente fue capturado y llevado al Hospital Escuela Roberto Calderón.  

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