Después de largas horas, días y meses en Internet, el teléfono o leyendo cartas una y otra vez, decidiste conocer cara a cara a esa persona que trastornaba tus pensamientos y que mantuvo en incógnita su real apariencia, despertando en ti sentimientos de amistad y por qué no decir de amor. ¿Tomaste el riesgo no? ¿Acaso te encontraste a la Jennifer López o al Mel Gibson que estabas buscando o deseaste desaparecer, porque se parecía más a la India María o a Jack Nicholson?
Bueno al fin y al cabo una cita a ciegas es todo o nada. O se gustan uno al otro y la pasan súper bien, o es decepción a primera vista y cada uno espera que se disipe ese instante para poder dar por terminada la cita.
Uno de esos casos que menos se esperan le ocurrió a Mario García, de 25 años, en la ciudad de Diriamba, después de recibir una llamada telefónica no tanto casual, sino más bien accidental. Recuerda que una chavala, que por el tono de su voz le parecía muy simpática, le preguntó por el nombre de un desconocido. “Disculpe, pensé que allí era la casa de mi amigo, pero me doy cuenta que me equivoqué de número telefónico”, le djo a García.
“No tenía ni idea de quién era el tipo por el cual ella me preguntaba”, aseveró el joven. Sólo sabe que aquella voz despertó interés en él y con tanta suerte que ambos compartían el mismo sentir. “Una vez que ella se disculpó, le dio por conversar y allí nomás nos presentamos. Hablamos un poco sobre ella, un poco sobre mí”.
Y desde entonces los jóvenes entablaron una bonita amistad mediante fluidas llamadas telefónicas, las que poco a poco los empujaron a ser casi confidentes. “Hubo bastante confianza y eso me atrajo de ella”.
Pero aquel interés de amistad creció mucho más, hasta que María, decidió conocerlo, tras una virtual amistad de dos meses. “Ella tomó la iniciativa. Al comienzo yo me negaba, porque lo interesante de aquello era posiblemente que no la conocía, porque a veces terminaba de hablar por teléfono y me preguntaba cómo sería su físico”.
Las ansias por conocer a la joven que estaba robando sus pensamientos, más la duda sobre su verdadera apariencia, lo rindieron y por fin aceptó. “Un día me decidí y convenimos por conocernos un fin de semana en casa de uno de sus familiares en Jinotepe. Me fui bien caché para no causarle una mala impresión”.
Una vez en el lugar del encuentro, García preguntó por María a una niña, pero ya no fue necesario esperar la respuesta, pues una voz que se aproximaba desde un corredor, le pareció muy familiar. Sí allí de frente cara a cara, estaba la chica de la voz dulce, la que había cautivado su mente tras el teléfono. “No niego que era bonita, me simpatizó y yo también a ella”.
Sin embargo el desenlace de ese amor platónico duró poco tiempo, pues García acentúa que después de largas horas de pláticas ese día y posteriores, entre visitas de dos días por semana, giras al cine, el interés se fue perdiendo entre los dos, al cabo que el joven de esta historia está seguro que la magia de todo eso fue porque no se conocían.
Una cita perpetua
Una noche común en casa, Arlen Huete buscaba en Internet un chat para pasar un rato ameno con alguien que quisiera conversar con ella. De pronto un muchacho interceptó su invitación y comenzaron a conversar de todo un poco, pero con mayor interés sobre fútbol. Era la primera vez que Huete y Ernesto Abut, de 21 años, se contactaban en un chat.
“Después de hablar sobre fútbol, nos preguntamos cómo nos llamábamos, dónde vivíamos, estudiábamos y qué hacíamos”, recuerda la simpática joven, quien admite que no tuvo mayor interés en esa persona en ese momento.
Por el otro lado, Abut sí salió más rápido que veloz, ya que sin pensarlo dos veces le pidió que se conocieran al día siguiente de su primer contacto vía Internet. Invitación a la que Huete no se negó. “No me va ni me viene, si nos conocemos”, pensó la joven en ese momento, sin darse cuenta que sus palabras pasarían a la historia después de su primera cita a ciegas.
“Esta cita fue totalmente a ciegas, no sabia quién era él, salvo su nombre. Lo interesante de todo es que sólo una vez habíamos conversado y ya al día siguiente nos conocimos”, asegura la joven.
La cita se dio en la universidad, ambos se identificarían por su vestimenta. Por un lado, Abut se distinguió por su camisa negra y pantalón verde, y Huete de pantalón negro y blusa blanca. Al inicio parecía que la cita no se realizaría, porque la joven no quiso esperar más y entró a recibir sus clases, un poco aburrida de esperar a su amigo desconocido que no acababa de llegar como lo habían acordado.
Luego de unos minutos, el desconocido estaba de pie, al otro lado de la ventana del aula de clases, “parece que le preguntó de mí a uno de mis amigos, y éste le dijo en qué sección me encontraba. Me di cuenta que era él y me salí de clases”.
El interés esa primera vez no se tornó tan interesante, su conversación sólo duró unos momentos, sin embargo Huete asegura que la simpatía entre los dos fue mutua. “Lo que germinó el amor en esa amistad fue el tiempo, porque logramos conocernos, nos llevábamos súper bien y ahora tenemos dos años y cuatro meses de ser novios felices”.
¡Ay, nooo!
Imagínense que una sola llamada telefónica sea suficiente para que un hombre se enamore de la voz de la hija de una de sus compañeras de trabajo. Precisamente hace dos años América Urbina en ese entonces de 19 años, cautivó con su tierna voz a un hombre de 32 años. “A veces yo le contestaba las llamadas a mi mamá en su trabajo. Un día atendí con mucha diplomacia como siempre, a un cliente, el que desde ese momento me dijo que yo poseía una voz muy bonita”.
De alguna manera el tipo al otro lado del teléfono se las ingenió para platicar por largo tiempo con la muchacha que despertó mariposas desde ese momento en su corazón. “Desde ese día me llamaba casi diario, y luego se le ocurrió que quería conocerme, saber cómo era, pero la verdad a mí no me atraía nada”.
Generalmente para Urbina cuando se habla con tanta gente, no sabes con quién te enfrentarás, ni con qué tipo de relación te vas a encontrar. Sin embargo la curiosidad mató al gato y se decidió a conocerlo, aunque en sus adentros imaginó que no sería una persona de su agrado, pero de todas formas el desconocido se arriesgó y un día de tantos pidió la dirección de su casa por razones de trabajo como cliente de la mamá de Urbina e interés por conocer al motivo de su encanto.
“Yo sólo quería amistad, por más que él me enamoraba e insistía. Hasta que por fin un lunes, se presentó a mi casa con un ramo de flores, pero para mí fue una gran decepción, el tipo no me gustó ni para atrás ni para adelante, porque aún con mis dudas lo imaginaba guapo”.
Urbina, a pesar de todo, lo recibió y platicó con aquel hombre que en todo momento se mostró interesado y mucho más ahora que la conocía en persona. “Ese día me dijo que era bonita y me pidió que fuera su novia, pero honestamente para mí fue como una resonancia de ¡Ay, nooo!”.
El paso del tiempo y las atenciones de su enamorado, fueron calando su corazón y al cabo de unos meses de amistad, Urbina se interesó de aquel insistente enamorado que para ella no tiene atractivo, pero con el cual ya casi cumple casi dos años de compartir una relación tan sólida que hay planes de matrimonio.
Carta anónima
Dice el refrán que “el que no llora no mama”, pues a raíz de una carta anónima Ariel Castro, de 21 años, se prendió de la sinceridad de una chica que al inicio no quiso revelar su identidad, por temor al rechazo por parte de éste. Durante un mes, la joven envió un total de seis cartas al joven, al cual deseaba tanto alcanzar. Sólo que éste no sabía ni quién era la misteriosa de las cartas, solamente que se declaraba enamorada de él.
Lindas frases de amor y testamentos de admiración llegaban a las manos de Castro a través de una amiga suya. “Una amiga mía, era su amiga también y con ella me enviaba las cartas. Al inicio se mandaba a describir, y a la otra me contaba cosas personales que me indicaban mucha confianza en mí, aún sin conocerme”.
Al cabo del mes, la desconocida lo citó para encontrarse con él en Metrocentro, al enterarse que el joven había despertado un fuerte interés hacía ella, ya que al parecer su táctica de las cartas y su insistencia y frecuencia con que las enviaba, habían despertado la chispa del amor en su príncipe azul. “No era tímida, tenía mucha confianza en mí y eso me gustó. Creo que tuvo miedo a mi reacción y mejor prefirió escribirme para que yo me enamorara de sus sentimientos, y pues me fui prendiendo de ella”.
La cita llegó a concretarse un sábado y su acuerdo para identificarse sería la joven con la que ambos compartían amistad. “Cuando la vi, se me hizo imposible creer que fuera la muchacha en la que me había fijado una vez. Supe desde ese momento que algo resultaría de ese encuentro, porque sentí que ya la conocía mucho y me había enamorado de sus sentimientos por medio de sus cartas”.
Aunque después de un mes de la cita Castro no se atreve a declararle su amor, no descarta la posibilidad que haya un lindo romance entre ellos.
Compendios para el triunfo
Nada mejor que una buena conversación. La psicóloga María Laura Bravo recomienda hablar de todo un poco, nada de abordar temas que desconoces. Evita las poses forzadas de sabelotodo, devoradora de hombres, Don Juan o niña ingenua.
En opinión de Bravo, una buena salida es ir al cine. “Yo no sugeriría una cena. Las cenas se prolongan y revelan al instante que la cosa no va. Lo mejor sería ir a ver una película y tomar algo”, afirma.
Otra recomendación de Bravo es ir en grupo. “Así no sólo te cuidas, en caso de que sea un desequilibrado (a) mental, sino que tendrás la garantía de que tus amigos te ayudarán a salir de cualquier apuro”, dice.
¿Quiénes lo conocen? ¿A qué se dedica? ¿Es verdad lo que te contaron? Cruza fuentes y trata de que diferentes personas te den su opinión, sin que parezca una investigación de la Interpol. “Nada pierdes con confirmar sus datos. Así, no sólo irás con mayor tranquilidad, sino con la certeza de que saldrás ileso (a)”, advierte la psicóloga.
Suponiendo que el caso no es para temer, no olvides que lo más importante es demostrarte tal y como eres. Nada de máscaras, de pronunciar frases hechas por otros, de aparentar cosas que distan de tu personalidad. En otras palabras, el secreto es: sé tú y sólo tú.