Tito Rondón [email protected]
¿Qué quiere decir el “Jugador Más Valioso”? Lo malo es que los electores, los cronistas de Estados Unidos y Canadá, tienen dos definiciones.
Unos dicen que el JMV tiene que ser de un equipo ganador. Es decir, que al menos haya clasificado para la postemporada, pues si uno tiene una gran campaña y el equipo no gana, eso demuestra que dicho pelotero no fue lo suficientemente valioso.
Un defecto de esta manera de pensar es que los buenos equipos suelen tener varios jugadores buenos, y a menudo el más merecedor del premio ve su cantidad de votos disminuida por los que se inclinan por algún compañero del club que también tuvo una buena temporada.
La otra corriente de pensamiento opina que el más valioso por definición tiene que ser el mejor; nadie puede ser más valioso que el que tiene la mejor temporada ofensiva.
¿Dije ofensiva? Eso nos trae a otro problema. ¿Qué, los pítcheres no cuentan? ¿No pueden ser el “Jugador Más Valioso”?
Muchos votantes opinan que como un lanzador juega cada quinto o sexto día nada más, no hay manera de que sea el más valioso. O en el caso de los relevistas, que en toda una temporada lancen unos 100 innings o menos.
Los argumentos en contra son fuertes. Es verdad que un lanzador no juega diario, pero su impacto en el equipo es como si lo hiciera, o más. Veamos: un jugador consume unos 600 turnos en una campaña, un buen abridor enfrenta a unos 800 bateadores.
Sí, los relevistas lanzan pocas entradas, ¡pero qué entradas! Son de más presión y las más cruciales en el equipo…
Todas estas ideas fluctúan. Unos años se impone una filosofía, otros la contraria. El premio “Cy Young” para el mejor pítcher se creó en 1956 precisamente para remediar la injusticia de que los lanzadores no pudieran ser los “Más Valiosos”… y ese año el lanzador estrella de los Dodgers de Brooklyn ganó los dos trofeos.
Pero en la Liga Nacional ningún pítcher gana el premio al más valioso desde Bob Gibson en 1968. Aunque en el viejo circuito ganó Jim Konstanty en 1950, para la Americana fue una innovación que ganara un relevista, Rollie Fingers en 1981. Desde entonces lo lograron Guillermo “Willie” Hernández en 1984 y Dennis Eckersley en 1992.
Pero volviendo al tema. Algún descarrilamiento ha ocurrido cuando los votantes le dan crédito a cualidades intangibles: “ejemplo”, “coraje”, “liderazgo”. Así ganaron premios Nellie Fox en 1959, Zoilo Versalles en 1965, Pete Rose en 1973… e Ichiro Suzuki en el 2001.
Rob Neyer de ESPN dice que con su corrido de bases y fildeo Ichiro repuso el hecho de que hubo 25 bateadores más productivos que él en la liga, pero quién sabe. Menos mal que Jason Giambi tiene buen humor.
En la Nacional afortunadamente se hizo justicia. Con la temporada más productiva de todos los tiempos, tipo Babe Ruth, Barry Bonds impresionó con sus 73 jonrones y ganó el premio.