Un grupo de viudas recibió ayer alimentos de la AID de Estados Unidos. Una de ellas se animó a quitarse la pesada “burka” y parece divertirse al ser fotografiada.

Miedo al “hambre” de los hombres

La gran mayoría de las afganas teme aún descubrir su rostro y provocar a los caballeros Muchas esperan que “lo hagan las demás” primero Javier OtazuEFE KABUL.- “Hace cinco años que los hombres no ven la cara de una mujer, así que el día que nos descubramos va a ser como cuando un hambriento ve […]

  • La gran mayoría de las afganas teme aún descubrir su rostro y provocar a los caballeros
  • Muchas esperan que “lo hagan las demás” primero

Javier OtazuEFE

KABUL.- “Hace cinco años que los hombres no ven la cara de una mujer, así que el día que nos descubramos va a ser como cuando un hambriento ve comida”.

Sharifa Usmuni, de 26 años, es una locutora de radio que acaba de recuperar su trabajo en Radio Afganistán, pero todavía no se ha atrevido a deshacerse de la burka, obligatoria para toda mujer cuando abandona su casa, porque espera a “que lo hagan las demás”.

Diez días después de que los Talibán abandonasen Kabul y se instalaran las nuevas autoridades de la Alianza del Norte, los hombres se han afeitado las barbas antaño obligatorias, se ha abierto el primer cine y ya se oye música en la calle, pero las mujeres siguen portando su fantasmal burka.

Es una especie de sábana que cubre completamente el cuerpo de la mujer y deja una rejilla a la altura de los ojos para que pueda ver sin ser vista.

Los Talibán no sólo impusieron la burka a toda mujer en edad fértil, sino que prohibieron el trabajo femenino, la educación de las niñas y la atención médica a personas del mismo sexo, entre otras cosas.

El pasado martes, una manifestación de unas mil mujeres se congregó en un barrio de Kabul con la cara descubierta para pedir la urgente incorporación de la mujer a la vida laboral y pública.

La manifestación había sido organizada por Soraya Parlica, de 57 años, ex presidenta de la Media Luna Roja Afgana durante el régimen procomunista de Mohamed Nayibulá (1989-92), que pretendía con esta marcha no sólo presionar a las nuevas autoridades, sino llamar la atención de la comunidad internacional.

Al terminar la manifestación, seguida con interés pero sin hostilidad por los hombres del barrio, las mujeres volvieron a embozarse bajo sus burkas y retornaron a donde los Talibán las habían confinado: su casa.

Las mujeres afganas, que no se niegan a hablar con hombres extraños, insisten en que la burka es secundaria, ya que lo que les interesa es ocupar su puesto en la sociedad y tener una buena razón para abandonar un hogar convertido en cárcel.

PREOCUPADAS POR SU ASPECTO

“Me quitaría la burka con gusto, estoy esperando ese día, pero ¿qué me voy a poner? Llevo cinco años descuidando mi aspecto y mi ropa por culpa de la burka”, apunta Yamila Muyahid, presentadora de televisión de 36 años.

Yamila ha sido hermosa, según sus fotos. Ahora aparenta ser veinte años más vieja.

Yamila, como su colega Sharifa Usmuni, son de las poquísimas mujeres que han vuelto a trabajar gracias a la reapertura de la Radiotelevisión Afgana el pasado lunes. Las demás esperan.“Ha sido una era oscura y negra; los Talibán han impactado en las comunidades más débiles, y ahora las clases pobres se han vuelto muy estrictas”, dice Yamila.

“Está bien que las mujeres trabajen y que se quiten la burka, pero deben seguir llevando una ropa musulmana”, señala un anciano, que define ésta como la que no permite mostrar más que la cara, las manos y los tobillos.

Todos los hombres asienten a su alrededor.

LOS HOMBRES «ESTAMOS HAMBRIENTOS»

En estos días postalibán, centenares de periodistas pululan por Kabul en busca de noticias, y entre ellos hay muchas mujeres occidentales que están mostrando a los afganos cosas que tenían olvidadas: el rostro de una mujer, de una mujer que trabaja.

Qais, un taxista al que gustaría convertirse al cristianismo porque el Islam “es muy exigente”, se quiere casar con una extranjera, porque a las paisanas ni siquiera las conoce.

“Son cinco años sin verlas, amigo. Estamos hambrientos”, dice.  

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