Carlos Durán prueba con su familia la resistencia de los resortes de uno de los coches recién fabricado.

El “cochero invisible”

Desde hace treinta años, don Carlos Durán Ruiz se dedica a fabricar coches típicos, en Masaya. Se autodenomina “cochero invisible” y a pesar de la poca demanda, se resiste a dejar su oficio y confía en que continuará fabricándolos porque mientras los nicas los reemplazan por automotores, los extranjeros vienen expresamente a encargarlos. Leopoldo López […]

  • Desde hace treinta años, don Carlos Durán Ruiz se dedica a fabricar coches típicos, en Masaya. Se autodenomina “cochero invisible” y a pesar de la poca demanda, se resiste a dejar su oficio y confía en que continuará fabricándolos porque mientras los nicas los reemplazan por automotores, los extranjeros vienen expresamente a encargarlos.

Leopoldo López AriasCORRESPONSAL /[email protected]

Es un cochero, pero no porque vaya manejando alguno de ellos, sino porque los construye. Es un “cochero invisible”, según se autodenomina don Carlos Durán, uno de los pocos fabricantes de coches típicos que se resisten a dejar su trabajo.

En el Barrio Santa Rosa, en Masaya, su taller de herrería aparenta estar en abandono; sin embargo, él y su familia aún se dedican a construir carruajes.

“Tengo 30 años de trabajar fabricando coches. Aquí se prepara todo, desde el chasis hasta la última pieza que lleva”, explicó rodeado de pedazos de hules, trozos de hierro y madera.

El producto de los días de trabajo de este humilde herrero ha traspasado las fronteras. El último modelo antiguo que hizo de estos rudimentarios vehículos está en Rancho “Castañuela”, México, también se encuentran en Guatemala, El Salvador, Costa Rica y algunos hoteles nacionales.

Indicó que en cada obra pone amor, porque éste es un arte que heredó y nunca olvidará. Narró que aprendió el oficio con Domingo García, fabricante de los primeros coches que circularon por Masaya, quien con dedicación, esmero y paciencia le transmitió los conocimientos aprendidos de su padrastro don Julio Carranza Morales.

HERENCIA A SUS HIJOS Y NIETOS

Junto a don Carlos, sus hijos y nietos trabajan arduamente en la fragua, fundiendo al rojo vivo el hierro tosco para darle forma, haciendo los chasis que llaman “almas”, los aros de las ruedas, los resortes tornamesa y medias lunas con su yugo.

De un pedazo de madera de guachipilín salen los tambores donde van sujetados los 16 rayos al aro de madera y hierro que va forrado con pedazos de hule. Sus hijas mujeres no se quedan atrás. Ellas fabrican las toldas, usando madera seleccionada.

Ante la poca demanda de estos carruajes, don Carlos, también se dedica a fabricar berlinas típicas de hierro y madera, de las que elaboran varios modelos; carros fúnebres, carretones de caballos con ruedas de madera y carretones de mano.

CASI EN EXTINCIÓN

Masaya es un departamento que podría tener sus ciudades, su cabecera y sus ocho poblaciones municipales, cubiertas de coches típicos, generar fuentes de trabajo protegiendo el medio ambiente y atraer más al turismo nacional y extranjero, pero no es así, lamentó el fabricante de coches don Carlos Durán Ruiz.

Por las calles de la Ciudad de la Flores sólo circulan seis coches típicos, doce diligencias, 960 taxis y hasta 220 microempresarios granadinos tienen vehículos automotor que prestan servicio colectivo, según estadísticas de la Alcaldía.

La razón quizás es porque son pocos los fabricantes de estos típicos medios de transporte.

El motivo también puede ser económico. Según Durán, el precio de un coche típico es de 2 mil 500 dólares, sin incluir los dos caballos criollos necesarios para halar el coche.

En Masaya hay otros talleres pero solamente reparan coches, no los fabrican debido a la poca demanda. Sin embargo, don Carlos Durán Ruiz no teme que este trabajo termine con la modernización del transporte, “porque hay extranjeros que aman y aprecian las cosas típicas y antiguas”.  

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