Anakarla Cantarero Malespín*
No hace mucho leía un artículo sobre la creatividad, y el autor comentaba que hace 20 años atrás, la mayoría de la gente creía que “ser creativo” era algo exclusivo o perteneciente sólo a las agencias de publicidad. Que estos “bichos creativos” eran “tipos raros” que no vestían formalmente y que generalmente se les permitían “reglas de conducta distintas” por el sólo hecho de ser “genios creativos”. Sus ideas valían oro y aún hoy esto es así.
Pero todos podemos ser creativos si lo necesitamos. El arte culinario es creativo, y tal vez cuando doña María cocina un postre, nunca piense en ser creativa. Sin embargo, cuando llegan las visitas y en la refrigeradora hay pocos elementos y en el bolsillo no hay dinero extra para salir corriendo al supermercado, hace malabares y salen “exquisiteces”… ahí aplicó creatividad.
Cuando nos invitan de improviso a una fiesta y no tenemos un vestido, ni dinero para gastar por una noche, tal vez reciclemos algo de lo viejo con algún retoque o entre varias prendas prestadas logremos ser “la sensación de la reunión”. Ahí también fuimos “creativos”.
Creativo es alguien que transforma su realidad con una solución eficiente y eficaz aún sin contar con grandes recursos.
Una gran necesidad nos enfrenta a la idea creativa. Todos somos creativos si nos ocupamos de traspasar las barreras que nos impiden llegar hasta la satisfacción de esa necesidad y sabiendo que para ello siempre hay que pagar un precio.
El precio no siempre es un valor económico. La mayor parte de las veces, el precio es dejar de lado los prejuicios (principal enemigo de la creatividad), superar nuestras propias debilidades y resaltar nuestras fortalezas para vencer los obstáculos que nos separan de la obtención de nuestra meta.
Definir la necesidad, Ordenar por prioridad los desafíos, focos o las consignas más urgentes, Definir una consigna principal para comenzar, Trabajar sobre la consigna elegida, Resolverlo, Ejecutarlo. Este es un modo contundente de no quedarse en el deseo y convertirlo en una realidad tangible.
Todo parte de la premisa que si no nos miramos hacia adentro y comparamos nuestro interior con lo que nos pasa en nuestro exterior; si podemos relajarnos y perder el miedo a sentir y a gozar de las pequeñas cosas de la vida, seguramente nuevas ideas surgirán como un acto creativo e innovador, tal vez no por ser excepcionales o poco comunes si no porque nos renuevan o nos recrean.
Sólo si creo en mí mismo, sólo si tengo confianza en lo que siento y lo que espero puedo alcanzar el estado óptimo para crear.
La confianza y el conocimiento interior es la pieza fundamental y base de todo acto creativo.
El incide diario otorga la oportunidad de rever las dificultades, de reencontrarnos con nuestros mejores sentimientos.
Cuanto más conflictivo es nuestro momento y cuanto más difícil es nuestra situación coyuntural, más necesitamos recobrar nuestra fuerza interior, es mayor la necesidad de recuperar nuestra autoestima, y más tenemos que relajarnos para crear soluciones “mágicas”. Mágicas es sinónimo de ideas que sólo pueden aparecer si “dejo que aparezcan”.
Si esto no ocurre, nos deprimimos o no encerramos en nuestro propio problema, el cual empeora día a día y ninguna idea aparece.
Divertirse mientras uno trabaja o estudia. Divertirse aún frente a la tragedia. Divertirse en momentos difíciles sólo se logra desde el interior. Si logro encontrarme a mí misma en mi interior y puedo encontrar allí mi mejor parte, mis mejores momentos, mis fuerzas más poderosas, mi historia, mis deseos, mis éxitos y mis derrotas, sólo ahí podré crecer.
* Directora General Instituto de la Excelencia de Nicaragua