Tito Rondón [email protected]
Yo quisiera saber quién destrozó la rotación de Nicaragua. ¿Cómo es posible que Asdrudes Flores, con mucho nuestro segundo mejor abridor, abra solamente un juego contra uno de nuestros rivales directos (Estados Unidos)?
Tuvimos mala suerte. Si vemos el calendario, nos damos cuenta de que teníamos que desperdiciar a Cairo Murillo en aperturas contra Francia y Sudáfrica.
Pero, ¿por qué diablos teníamos que desperdiciar a Asdrudes también? ¿Quién fue el genio que ideó eso? ¿Se dan cuenta de que entre nuestros dos mejores lanzadores en sus cuatro aperturas iniciaron tres partidos contra los débiles (Francia, Suráfrica e Italia)? Claro, la mala suerte obligó a desperdiciar a Cairo, pero eso hacía todavía más crucial no tirar a Asdrudes a la basura.
Qué mal nos sentimos, y así lo denunciamos aquí, cuando nos dimos cuenta que Diego Sandino, un pobre tercer abridor, iniciaría el partido contra República Dominicana. Caímos contra un adversario inferior (¡Pedro Reynoso, sí, el de los Búfalos, es abridor en ese equipo! ¡Si Ambriorix Ramos es mucho mejor!).
Para colmo, ¿quién tuvo la descabellada idea de abrir con Julio César Ráudez contra China Taipei, si no había sido ese su rol en el fogueo? ¿Para qué hubo fogueo entonces? Claro, de todas formas le hubiese tocado abrir a Sandino… pero el orden su hubiera preservado.
El rol estaba claro. El orden era Cairo, Asdrudes, Sandino y Oscar Torres. De esa forma, Asdrudes hubiera abierto contra Dominicana y Corea. Era lo lógico. Era lo que nos daba la oportunidad de clasificar.
Éste es un cuento africano adaptado: una rana cruzaba un río cuando se encontró un alacrán que se estaba ahogando. “¡Sálvame, hermana rana!”, gritó el alacrán. “¡Déjame subirme a tu lomo!” “No”, contestó la rana. “Tengo miedo de que me vayas a picar”. “No, hermana rana”, alegó el alacrán. “¿No ves que no es lógico?, si te pico me muero yo también. Dejame cerquita de la orilla y así me salvás”.
La rana tenía buen corazón, y le pareció lógica la propuesta del alacrán. Así que lo montó en su lomo, pero poco después el bicho la picó. “¿Por qué hiciste eso, hermano alacrán?”, preguntó angustiada la rana. “Ahora moriremos los dos. No es lógico”.
“¿Cómo que no es lógico?”, contestó el alacrán. “¿Acaso no estamos en Nicaragua?”
Así que tiramos a Asdrudes a la basura, junto con Ráudez. Y ni nos metamos con el uso de los relevistas. Olman Rostrán debió haber entrado temprano. Cuando no hay mañana (¿o es que creer que Francia le va a ganar a Estados Unidos en béisbol, no fútbol, es creer que hay mañana?) no se usan los relevistas en el orden normal. No hay “largos”, ni “cortos” ni “cerradores”. Lo único que existe es una emergencia gigantesca.
Cuando el zurdo Soo-Keun Jung empuja la tercera carrera con hit, ¿cómo es posible no relevar a Torres? ¡lleva ocho embasados en tres bateadas! Dejan que lo acabe un derecho. ¡Y traen al diestro Alvaro López a enfrentar al zurdo tercer bate Byung-Kyu Lee! Todo fue hecho al revés. Nos suicidamos.
Es cobardía decir “nada tenemos que hacer en este tipo de eventos”. ¿Es mejor Panamá? Lo que hay que decir es una de dos cosas: “me equivoqué”, o “se equivocó Carlos García”.
Hay que decir la verdad. Perdimos por idiotas, no porque fuéramos inferiores.