Edgard RodrÍguez C. [email protected]
TAIWAN.— Justo cuando el equipo parecía listo para asumir cualquier reto, hasta el de clasificar en un evento claramente difícil como éste, la realidad nos golpea bruscamente, y en lugar de movernos hacia Taipei, nos toca empacar maletas.
Pero al menos a mí, me queda la sensación de que pudimos hacer más, pese a las desventajas que nos separan de nuestros oponentes y que los coreanos se han encargado de acentuárnoslas a través de esa terrible paliza que nos dieron.
Pero esta Selección, a la que vi siempre intentar sobreponerse a las dificultades, no necesita excusas. Necesita un plan serio que nos permita ser algo más que simples animadores en estos torneos, que poco a poco, se alejan de nosotros.
Aun cuando un partido como el jugado ante Dominicana no lo debimos perder, Nicaragua hizo lo que pudo en este Mundial. Fíjense que incluso, en la propia paliza que nos dio Corea, los muchachos la echaron todas, pero no se pudo.
Fue horrible. Oscar Torres parecía rumbo a una obra maestra. Propinó tres ponches en dos innings y hacía deslucir a los coreanos. Pero de súbito comenzó a quedar atrás en el conteo y el fuego del ataque enemigo logró asfixiarlo.
Y nuestros bateadores, lograron tremendas conexiones que fueron siempre justo al sitio donde estaban ubicados los fildeadores. Pero ni eso disminuyó al equipo, que incluso, pretendió hacer algo a última hora, pero no se pudo.
Después del triunfo ante Estados Unidos, que nos inflamó el orgullo, clasificar pareció un asunto al alcance. Ahora descubrimos que ciertamente aquello fue el resultado de una inspirada noche, en la que nuestros corazones fueron ilusionados.
Pero Corea nos ha hecho poner los pies en la tierra, y mediante un nocaut que no dejó espacio para discutir las ventajas de un rival ordenado, compacto y con un preciso scouteo sobre nosotros.
A propósito, ¿sabe cuántos técnicos coreanos había para el juego Nicaragua y EE.UU.? Había ocho, y a diferencia de Pedro Torres, que scoutea con papel y lápiz, éstos tenían filmadoras, radares y todo lo necesario.
¡Ah, claro! Si hubiéramos ganado comentar esto sería intrascendente. Lo que es real, es que nuestro entusiasmo no bastó para esconder nuestras desventajas.