Isaac Bigio*/Especial para LA [email protected]
Afganistán es una entidad geográfica que hace 23 años no es gobernada por un solo Estado. Casi no tiene una identidad nacional propia. No tiene una lengua que sea hablada por la mayoría de la población. Hay unas 50 etnias y tribus, muchas de las cuales se han masacrado mutuamente. Lo único que los afganos tienen en común es el no haber conocido el dominio europeo y el Islam, aunque un 80% de los musulmanes afganos son sunnitas y el resto son chiítas.
Durante siglos en sus diversos y poco interconectados valles se fueron esparciendo descendientes de muchos pueblos que pasaban por el centro del continente. En el siglo XIX todo el Asia Central quedó repartida entre los imperios británico y ruso. La única excepción fue Afganistán quien quedó como una ‘zona de nadie’ que evitaba que ambas potencias tuviesen límites comunes.
Kabul, el este y el sur del país están dominados por los pastunes (38% de la población), quienes fueron los que le dieron a Afganistán su nombre y lo gobernaron durante más de 3 siglos hasta 1992. Sin embargo, la mitad de los pastunes viven en el oeste pakistaní.
Cuando Pakistán fue creado en 1947, el rey afgano exigía la liberación del Pastunistán, parte de ese nuevo Estado. Las zonas pastunes de Pakistán están muy influenciadas por los talibanes y los enemigos de la intervención estadounidense. El deterioro de la crisis podría producir la fractura de Afganistán y de Pakistán.
Los pastunes están divididos en tribus. Los “durrani” y los “ghilzai” son clanes pastunes que han apoyado a distintos bandos militares. En 1996 los pastunes apoyaron a los talibanes pues no querían que Kabul sea gobernada por otras etnias.
El norte afgano está dominado por los uzbekos, tayikos, kirguizes y turcomanos, nacionalidades que después de la desintegración de la URSS tienen sus propias repúblicas. Los tayikos (25% de la población) son los más sedentarios y cultos. Gobernaron Bujara y Samarkanda, principales centros culturales islámicos del Asia central. Pero ahora éstas, al igual que todos los centros culturales y las zonas tayikas afganas no son parte del Tayikistán.
Los uzbekos afganos liderados por el general Dostum apoyaron primero al gobierno pro-soviético y luego se han aliado y han guerreado con todas las fracciones ultra-religiosas afganas (incluyendo los talibanes). Se les acusa de querer escindir Afganistán para hacer un gran Uzbekistán.
Los hazaras del centro y oeste son chiítas y están muy influidos por los ayatolas iraníes. Estos han sido reprimidos por varias fracciones sunnitas (como los talibanes y otros partidos de la Alianza del Norte, pese a que el partido Unidad —la principal fuerza hazara— es miembro de ésta).
PUNTO DE EQUILIBRIO
Afganistán es un polvorín donde tribus y etnias se han enfrentado entre sí a lo largo de la historia, y difícilmente hagan un estado viable. Mas, éste debe seguir sobreviviendo para evitar que sus vecinos —Irán y Pakistán— se enfrenten por despedazarlo y apropiarse de más territorio.
(*) El autor es profesor de la London School of Economics.