Edgard Rodríguez C. [email protected]
Después de tres partidos, la realidad parece haberse tornado más siniestra que las pesadillas para la Selección Nacional de béisbol.
Julio Sánchez y todos sus peloteros, esperaban que después de tres jornadas, el balance fuera de 2-1 o quizá de 3-0. Pero en lugar de eso, vamos con marca de 1-2 y hemos comenzado a sangrar, aunque no necesariamente de muerte.
En medio de la derrota ante China, hay aspectos que son rescatables. El club volvió a mostrar determinación y hambre de triunfo. Lo que pasa es que no se pudo hacer más, frente a una tropa ordenada y combativa como la asiática.
Sin embargo, aquí el problema es que clasifica con partidos ganados y no con la resistencia que presentés ante los oponentes para luego caer vencido, aunque no sea por falta de agallas. Ayer hubo agallas. Lo que faltó fue carreras.
Y situando las cosas en perspectiva, no son estas horas de paz para el mentor Julio Sánchez. No sólo porque al momento que usted lea esta columna, ya nos debemos estar fajando con el difícil EE.UU., sino porque faltan Corea e Italia.
Sánchez dijo que su meta era ganar cinco juegos. Para lograr eso, se requiere no fallar en lo que resta del calendario y eso es casi imposible. Hasta ahora, la tropa nica ha mostrado muchos contrastes y eso es grave en torneos breves.
Para decirlo pronto, Dominicana (3-0) y China (3-0) se han fugado como los líderes de nuestro grupo. Así que de entre EE.UU. (2-1), Corea (2-1) e Italia (1-2), además de nosotros por supuesto (1-2), deben clasificar sólo dos.
A Nicaragua le quedan pendientes, aparte del juego de hoy contra EE.UU., sus duelos contra Sudáfrica, Corea e Italia. Debemos vencer a los africanos y no nos debe derrotar Italia, pero tenemos que superar o a los gringos o a los coreanos.
Esa misión no es fácil, pero tampoco inalcanzable.
Pero vean lo que son las cosas, a Sudáfrica le ganó EE.UU. 5-0 y Corea 3-0. No fue fácil, verdad. Sin embargo en cambio, Italia la aplastó 11-2. En eso consiste la grandeza de este juego. Nadie sabe qué ocurrirá.
Lo que no tiene discusión, es que estamos en una perspectiva, en la que no hay margen para el error.