Quiero tomar como referencia el pasaje Bíblico Lucas 19:1-10 y quiero señalar la parte donde dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también este hombre es un hijo de Abraham. El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.
Con todo respecto al escribir esta lectura, me estoy refiriendo al señor Daniel Ortega quien el día 5 de noviembre dejó impresionado al pueblo de Nicaragua, al aceptar humildemente como todo un buen perdedor, la tercera derrota que sufre en las urnas electorales.
De una cosa estoy convencida, que Daniel Ortega solo no puede estar cambiando, es Jesucristo quien lo está tocando, así como tocó a Gorvachov en 1987. El paso que dio ese día fue muy grande y yo lo felicito. Como todo un líder en un partido moderno, dio un gran ejemplo de civismo ante sus seguidores.
Sin embargo no todos somos transformados en un solo momento, cuando nos toca el Señor. Porque el camino es largo y duro, teniendo que morir en Jesucristo para ser hombres nuevos. Esto es lo que le está sucediendo a Ortega.
Él tiene muchas cosas que cambiar que solamente Dios y él la saben, pero que algunas son conocidas a luz pública como es la casa donde habita que no es suya, el caso de su hijastra, su relación matrimonial como tal, que son cosas que las puede lograr resolver con la ayuda de Dios. Porque sólo él es quien transforma.
El debe continuar cambiando y contribuyendo al desarrollo de nuestro
País y dejar trabajar en paz al gobierno recién electo y permitir que Jesús lo guíe. “Que el Señor bendiga a Daniel Ortega y a su familia”.
Marta María Romero Orozco.