Así, sin maquillaje, el pelo medio mojado un par de pantalones y un T-shirt negros, Thalía parece una adolescente jugando a ser mayor frente al espejo. A los 29 años, la más grande estrella que ha exportado México en las últimas décadas todavía tiene el cuerpo y la actitud de una escolar. Una escolar como las imaginaba Nabokov en “Lolita”, eso sí. Porque basta que el célebre Oribe comience a jugar con su pelo y que la maquilladora empiece a aplicar sombras, blushes y lipsticks, para que Thalía, la diva, la megastar, comience a aparecer y su rostro, que es reconocido literalmente en el mundo entero, de Buenos Aires a Manila, de París a Nueva York, adquiera la madurez y seducción de una femme fatale.
El impresionante anillo de diamantes en su anular izquierdo, regalo de compromiso de su actual marido, Tommy Mottola, presidente de Sony Music y uno de los hombres más poderosos e influyentes en la industria de la música, algo ayuda a su glamorosa imagen, claro está.
A pesar de su juventud, esta mujer ya tiene aires de leyenda, y su vida extraordinaria como pocas, podría servir fácilmente de guión, para una de sus exitosas telenovelas. Adriana Thalía Sodi Miranda nació el 26 de agosto de 1972 en una “colonia” de Ciudad de México. “Un lugar que en Nueva York sería como el Bronx”, explica ella, “y por eso me gustaría decirle a todos que la felicidad, el éxito y las oportunidades las crea una. Yo vengo de un lugar sin oportunidades, y mira donde estoy. Y me las he buscado yo. Creo que todos, si tienen un pensamiento positivo y abierto, pueden lograr lo que se propongan”.
Su matrimonio con Mottola, celebrado con la pompa y el glamour de una boda real en la Catedral de San Patricio en diciembre pasado, ocupó páginas y páginas en revistas y periódicos alrededor del mundo. Fue como un cuento de hadas, pero un poco más caro. El vestido de la novia estaba cubierto de cristales, y no fueron pocos los que se preguntaron, como Thalía con su figura tan frágil, había sido capaz de arrastrar semejante peso hasta el altar. Junto a los novios se encontraba la más distinguida lista de invitados, desde Michael Jackson a Julio Iglesias, y fuera de la Iglesia, soportando el frío invernal de Manhattan, cientos de fans y admiradores esperaban ansiosos la salida de la princesa azteca y su multimillonario príncipe azul.
Durante un descanso en medio de la sesión de fotos para la portada de Ocean Drive en Español, Thalía se sentó a conversar con nosotros.
¿Te cansa pasar horas maquillándote y probándote ropa?
No, me encanta! Yo creo que en otra vida fui transexual o algo así. Soy como una mariposa, sufro una metamorfosis. Llego toda lavadita y con el pelo recogido en una colita en la mañana, muy inocente, muy niña, pero a medida que me van maquillando, peinando y cambiando de ropa me vuelvo en una mujer más sexy.
¿Tienes dos personalidades?
Siempre he tenido dos personalidades en lo que se refiere a mi imagen y mi carrera. A veces soy dulce y de pronto me vuelvo muy agresiva, ¡muy sexual! Y eso es algo que no puedo parar. Pero me siento muy cómoda en ambos papeles, porque los dos representan algo real en mí.
¿Mereces el título de “diva” que algunos te han puesto?
En ocasiones, sí —dice riendo— hay mañanas en que me levanto muy diva. Pero ser diva para mí es un modo de vida, una actitud de desplante frente a las circunstancias. No se trata de ser irreverente o grosera, pero si de tener cierta excentricidad en las actitudes y también en el vestuario.
¿No temes que te tilden de difícil, como le sucede a otras divas?
No, porque cuando soy exigente y digo lo que quiero, es cuando estoy rodeada de mi equipo de trabajo en la producción de algún disco o telenovela. Ahí puedo ser muy difícil, porque al fin de cuentas la que pone la cara soy yo. Yo sé que todo artista está rodeado siempre de un gran equipo; compositores, arregladores, guionistas… gente que te hace crecer. Pero finalmente, cuando llegan las críticas, te llegan a ti. en eso soy muy fuerte, muy Virgo.
¿Eres muy crítica contigo misma?
Mucho. Posiblemente la persona que más duro me trata y peor me hace sentir es Thalía. Soy muy cruda, muy objetiva.
¿Y cómo tomas las críticas que vienen de los demás?
Bueno, cuando son inteligentes y vienen de personas que saben quién eres, qué estas haciendo y para qué lo estás haciendo, me ayudan a nutrirme un poco más y ampliar mi campo. Pero la gran mayoría son críticas malintencionadas.
¿Eres ambiciosa?
Sí, pero no me trae problemas porque es una ambición sana. No ambiciono cosas materiales ni tengo envidia de lo que le sucede a otras personas, ser más feliz cada día y superar debilidades, como la impaciencia.
¿No tienes ambiciones de dinero, de fama?
Es que yo ya lo he hecho todo. Suena extraño, pero te prometo que ya he hecho todas las portadas, todos los programas, ¡he cantado en todas partes! Por eso, si logro hacer el crossover, ¡qué bueno! Y si no lo logro, bueno también. No lo necesito. Yo ya estoy hecha, tengo mis cimientos y mi base. Lo que venga lo aprovecharé como he aprovechado todas las oportunidades que la vida me ha puesto al frente.
¿Qué has sacrificado para llegar donde estás?
Lo más difícil de mi carrera fueron los inicios. Yo partí con un grupo que se llamaba Din Din, con el que grabé cuatro LP y recorrimos todos los pueblitos de México. En una ocasión nos contrataron para actuar en el Marriot de Acapulco, donde presentábamos dos shows infantiles al día. Yo (Thalia) tenía nueve años. para promover el show teníamos que ir por toda la costa, de punta a punta de la ciudad, vestidos de payasos repartiendo invitaciones. El manager nos hacía caminar con los zapatos de payaso, con peluca y con la nariz roja, bajo el sol del mediodía. Eso para mí ha sido el sacrificio máximo.
¿Cómo ves el futuro de tu carrera?
Yo siempre pienso que estoy en el principio. Cada día es nuevo y cada día tienes la oportunidad de empezar lo que quieras y de la manera que quieras. No me da miedo no repetir los éxitos que he tenido en el pasado, porque el éxito es el mismo y el público y la gente que te ama va a seguir estando ahí, apoyándote y creciendo contigo. Yo creo que el fracaso se lo crea uno mismo. ¡El fracaso no existe!
¿Qué pasa con tu carrera en el cine? ¿Tienes algún plan?
Me sigue interesando, por supuesto. Lo que pasa es que hay un estereotipo de la latina en Hollywood que a mí no me llama la atención. Siempre tienes que ser muy vulgar o vestirte muy provocativa y hablar en forma muy grosera. Para mí, la mujer latina es mucho más que eso. Por eso estoy esperando a que aparezca la oportunidad correcta.
¿Ese estereotipo no existe en la música?
No. La música tiene un campo mucho más amplio.
Hablando de espacio, ¿crees que hay espacio suficiente en el mercado musical para tí, Jennifer López, Shakira y otras cantantes latinas que están tratando de conquistarlo?
Hay espacio para todas. Este es un planeta tan grande y hay tantos gustos, que sería muy egoísta que una sola persona llevara la bandera latina por todo el mundo. Eso es muy ególatra y absurdo de pensar. Creo que Ricky Martin, Marc Anthony, Enrique Iglesias, Jennifer López, Christina Aguilera, Shakira, yo y toda la ola de cantantes latinos es algo que nos está ayudando a todos. Cada uno de nosotros tiene su propio estilo, pero todos somos latinos y queremos que nuestra raza se haga conocida en el mundo. Mientras más de nosotros haya, mucho mejor para todos.
¿Cómo recuerdas el día de tu matrimonio?
Ese día es el más vivido de mi conciencia. Lo recuerdo todo: cómo me levanté, qué canción puse en el CD, cuánto tiempo me tardé en bañarme, qué crema me puse… Me acuerdo minuto por minuto. Estaba recordando con Oribe cómo tuvimos que hacer y deshacer mi peinado tres veces.
¿Qué te convenció de tomar la decisión de casarte?
Antes yo tuve una relación que terminó con una muerte. Después conocía a muchos chicos lindos, pero yo estaba enfocada en mi trabajo y quería darle un descanso a mi corazón. El perder repentinamente a alguien que quieres te hace sentir enojada con el amor. Estaba herida. Pero después de la grabación de “María del Barrio” comencé a hacer muchas giras por todo el mundo y me empecé a sentir sola. Yo disfruto mi soledad, pero me empezó a hacer falta llegar a los brazos de alguien después del show, alguien que me dijera, ‘Ay, amor, venga. Platiquemos, escuchemos música juntos…’ Por esa misma época vine a Nueva York y me quedé en el Waldorf. Un día se puso a nevar, y yo sentada en la ventana, me quedé mirando las calles llenas de gente. ‘¿No puede ser’ me dije, ‘que habiendo tantos y tantos miles de personas aquí, no encuentre a alguien que se parezca a mí, que comparta mi alma, mis pensamientos. Tiene que haber alguien’. Y le dije a Dios, ‘Tu sabrás cuando me enviaras a esa persona’.
¿Y cuánto demoró en aparecer?
Un año.
¿Cómo conociste a Tommy Mottola?
A través de Emilio (Estefan). Yo lo vi y me dije… ‘Éste es mío. ¡Ya!. Póngale un moño que me lo llevo’.
¿Qué te gustó de él?
Todas las mujeres de mi familia siempre se han sentido atraídas por hombres mayores. Mi papá era veinte años mayor que mi mamá. Todas mis hermanas, las cuatro, están casadas con hombres mucho mayores que ellas. Mi antiguo novio tenía también veinte años más que yo. Cuando vi a Tommy me encantó por su look, por su mirada, su forma de platicar. Me gustó su seguridad. Fue como encontrar el complemento perfecto.
¿La atracción fue mutua?
¡Claro! Fue como un blind date. Es increíble como pasan las cosas. Cuando más quieres encontrar el amor, más se esconde.
¿Cuándo te pidió matrimonio?
Fue en Miami. Íbamos a salir a una cena y yo me puse muy bonita, muy elegante… con un vestido negro con cuello de pedrería, los zapatos altos, abiertos y sexys, y mi pelo largo y salvaje. Él también estaba guapísimo. Mientras esperábamos a unos amigos y a mi mamá que nos iba a acompañar, nos fuimos a un muelle desde donde se veía el atardecer más maravilloso que he visto en mi vida. el cielo estaba morado, naranja y amarillo y el sol estaba rojo. Yo estaba tomando un Martini y él llegó con otro para brindar. Me abrazó por atrás y me dijo, ‘Salud, mi amor’. Yo le comenté que la tarde me parecía tan mágica que nunca la iba a olvidar. ‘¿Estás segura que nunca la vas a olvidar?’Me preguntó. ‘Nunca’., le contesté. Entonces me pidió que le sostuviera su Martini y salió corriendo. Volvió a los dos minutos jadeando y me entregó una cajita con un gran moño rosa. Mi corazón comenzó a palpitar muy rápido, porque pensé que podía ser el anillo de compromiso, pero no quería que él me viera demasiado excitada, porque si no era el anillo iba a hacer el ridículo. Él, para confundirme más, me tocó la oreja y me dijo… ‘Se te van a ver muy bonitos’. Entonces abría la caja y cuando vi que no eran aros, sino el anillo, la cerré inmediatamente y me puse a gritar de felicidad. Tommy se arrodilló y me pidió que me casara con él. Sentí que me desmayaba. Nos abrazamos, nos besamos y lloramos juntos.
¿Te acostumbras a la vida de casada?
Estoy feliz. Y no extraño nada porque sigo siendo yo y continúo teniendo mi vida, pero con pareja.
¿Eres celosa?
No.
¿Y él?
Tampoco. Los dos somos muy seguros. Ambos podemos hacer lo que sea, pero no hay problema, porque nos tenemos confianza.
¿Quieren tener hijos pronto?
Ahorita no tenemos planes. Pero a los dos nos gustaría tener una familia grande, porque es a lo que estamos acostumbrados. Yo vengo de una familia de cinco hermanas.
¿Cómo ha afectado a tu carrera el haberte casado con uno de los hombres más influyentes del mundo de la música?.
No la ha afectado en nada. La gente sigue viendo mi misma imagen y no pretendo ser nada más de lo que soy. Pero Tommy ha participado en la formación de los más grandes talentos musicales, Michael Jackson, Ricky Martin. Entonces sería absurdo no prestar atención a lo que él tenga que decir. Yo estoy muy abierta a todas las opiniones y el diálogo, pero las decisiones finales en mi carrera, mi vida y en todo… las tomo yo.