Edgard Rodríguez C. [email protected]
Esta Selección Nacional de béisbol, que por momentos consigue derribar escepticismo e ilusionar corazones, se ha movido en la dirección equivocada. Al menos por ahora.
Nadie ha considerado a Dominicana un flan. Ni siquiera llegamos a pensar que por haberlo derrotado en el pasado reciente (Winnipeg y Panamá) hemos de tenerla fácil ahora, pero pudimos hacer más, pudimos ganar.
Sin embargo, con un equipo falto de determinación y escaso de espíritu como el que vimos ayer, cualquier empresa será inalcanzable. Voy a explicarme: nuestro club no es malo, pero su actitud sí lo fue en el partido.
Desde mucho antes de aterrizar en Taipei, Dominicana estaba entre los equipos a los que les podíamos ganar. Pero perder ante los quisqueyanos nos ha dejado en una situación incomodísima con China y EE.UU. enfrente.
Mis sospechas respecto a la actitud ayer, fueron reforzadas cuando a la salida del estadio, Henry Roa me dijo: “No sé qué les pasó a los muchachos. Parecían dominados desde antes de ir a batear”. Y eso captamos.
Además de la actitud, la defensa, que es nuestro fuerte, y no necesariamente el pitcheo, se desarregló, y las fallas de Avellán y Hodgson resultaron terribles. Y a eso agreguemos un bateo pobre y la fórmula resulta fatal.
Pero además de ese factor, pienso que Julio Sánchez movió su pitcheo de forma equivocada. Al menos a mí me gustaba primero Alvaro López y Enrique Salgado después. Él lo hizo al revés y fue grave.
Es cierto, luego le dieron a Alvaro, pero él inicialmente había calentado y luego fue enviado al banco. Después volvieron a llamarlo, y tras despegar fuerte lució disminuido y los dominicanos se le abalanzaron sin piedad.
No se trata de insinuar siquiera, que ya estamos fritos, pero es evidente que si no se aplica un giro, corremos el peligro de quedar fuera de paila rápidamente. Y el esfuerzo que se ha hecho, merece una mejor recompensa.
Una vez fuera del calor del juego y analizando las cosas con el ánimo sereno y cierto rigor científico, ojalá Sánchez descubra el mejor modo posible para sacar el jugo de un equipo que sabemos que está para más.