El final de una era

Senador Jesse Helms dejará el Senado María Luisa AzpiazuEFE WASHINGTON.- La retirada del senador Jesse Helms, que él mismo anunció ayer, no sólo dejará al Senado sin uno de sus más empecinados conservadores, sino que recrudecerá la batalla partidista por el control de la Cámara Alta, ahora en manos demócratas por sólo un escaño. Con […]

  • Senador Jesse Helms dejará
    el Senado

María Luisa AzpiazuEFE

WASHINGTON.- La retirada del senador Jesse Helms, que él mismo anunció ayer, no sólo dejará al Senado sin uno de sus más empecinados conservadores, sino que recrudecerá la batalla partidista por el control de la Cámara Alta, ahora en manos demócratas por sólo un escaño.

Con esta mínima ventaja, los conservadores en Carolina del Norte, que es el estado que Helms ha representado desde hace 30 años, están empezando a tomar posiciones para evitar que el escaño del carismático y ultraconservador senador, pueda caer en manos demócratas en las elecciones legislativas del 2002.

Si así fuera, algunos creen que Helms —que tendrá 80 años cuando deje su sillón, está enfermo y tiene grandes dificultades para caminar— no podría descansar en paz, ya que no en vano ha sido, durante sus tres décadas en el Senado, un claro martillo de las “herejías” demócratas, y, en especial, de las liberales.

Furibundo defensor de los intereses de EE.UU. por encima de cualquier otra consideración —”América First” —la retirada del senador Helms representará el final de una era muy marcada por la Guerra Fría, un acontecimiento que para Helms nunca terminó.

“MÍSTER NO” Y AMIGO DE LA CONTRA

Conocido como “Míster No” por su acérrima oposición a la firma de tratados armamentísticos internacionales, Helms ha mantenido una línea de coherencia política durante todo su mandato, que le ha valido el reconocimiento, incluso, de sus más airados oponentes.

Desde que llegó al Senado en 1972, Helms se opuso a los Tratados del Canal de Panamá —que en el 2000 devolvieron el Canal a manos panameñas— fue un convencido defensor del apoyo a los paramilitares en El Salvador y a la Contra en Nicaragua, y mantuvo siempre una inequívoca animadversión hacia todo lo que pudiera oler a comunismo.

En esta especie de fobia se inscribe su oposición a la concesión a China de los Juegos Olímpicos de 2008 —porque, en su opinión, la historia demuestra que estas concesiones nunca acarrean apertura— y la elaboración de la Ley Helms-Burton, de la que es coautor, y que refuerza el embargo que EE.UU. impone a Cuba desde hace 40 años.

LEY HELMS-BURTON

Esta ley es, probablemente, uno de los mejores ejemplos de lo que ha sido y es el senador Helms en el Congreso, ya que a la rotundidad de la ley se le une la búsqueda del momento idóneo para conseguir que un presidente demócrata como Bill Clinton, la aprobara en 1996.

La Ley Helms-Burton refuerza el embargo contra Cuba y prevé la imposición de sanciones de EE.UU. a terceros países que negocien con intereses que pertenecieron a estadounidenses —cubano-americanos— en la isla.

El texto, probablemente nunca hubiera conseguido la aquiescencia de Clinton de no ser porque el Congreso se la presentó a consideración dos días después de que Cuba hubiera derribado dos avionetas civiles de la organización “Hermanos al Rescate”.  

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