En Perú no ha cambiado nada

Pedro SalinasAIPE

LIMA.- Hace pocos días, un colega periodista mayor que yo y a quien respeto a pesar de las diferencias, me comentó preocupado sobre un artículo publicado en un diario local por un amigo mío, de ideas liberales.

Dicho artículo no hacía más que repasar todas y cada una de las fallas y omisiones cometidas por Alejandro Toledo en sus primeros tres meses. Y, de paso, ventiló algunos de los comentarios que se escuchan en la calle sobre la gestión de Perú Posible, el partido de gobierno.

“Es un artículo golpista” —me dijo.

“Pero sólo ha dicho la verdad” —le repliqué.

“Es que, a veces, la verdad es golpista” —me respondió, para sorpresa mía.

Discrepo de esa posición. La verdad es la verdad, y hay que decirla. Eventualmente, duele, pero siempre es liberadora. Y aunque me digan golpista o desestabilizador, coincido con la posición crítica de mi amigo liberal.

La aprobación a la gestión del presidente Alejandro Toledo cayó 8 puntos en el mes de octubre, según el último sondeo de Apoyo, Opinión y Mercado, y está arrastrando al conjunto del gobierno con su desplome.

Al batacazo en mención hay que añadir la percepción de debilidad que proyecta el gobierno. Los encuestados consideran que el régimen toledista carecería de control sobre la situación política (67%) y económica (69%) del país. El 48% de la ciudadanía cree que el gobierno de Toledo es débil.

¿Por qué ha caído de esa manera? ¿Quizás debido a una sucia campaña del “fujimontesenderismo”, como dijo en alguna ocasión el propio jefe de Estado?

No. Ha caído porque Toledo ha optado por la frivolidad del poder. Porque piensa que gobernar es “delegar” y desentenderse de la administración del gobierno. Porque asume que gobernar es viajar y participar en cuanto cóctel se le invite, y si hay etiqueta azul, mejor. Porque sus honorarios (18 mil dólares mensuales) por servir a la nación son escandalosos, en un país pobre como el Perú. Porque es incapaz de señalar un norte. Porque quiere que un amigo suyo, y no un independiente, sea el Contralor de la República. Porque no sabe poner orden en su propio partido. Porque parece que no está preparado aún para ser un estadista.

Por eso es que, ahora, en las calles, en los pasillos, en las reuniones sociales, se escucha la pregunta: “¿llegará a diciembre?”

Probablemente, sí. Es mi pronóstico. Pasa diciembre. Pero la interrogante de fondo es: ¿llegará a culminar su período? Ello dependerá del propio Alejandro Toledo y de su capacidad de enmienda. Es cuestión de mandar con firmeza (democráticamente, claro está) y de adoptar medidas sensatas, impulsando reformas y privatizando lo que queda por privatizar. De dejar de lado elecciones regionales que, tal como están planteadas, no van a descentralizar nada, sino, por el contrario, van a crear más caos y anarquía.

No es posible que, después de una década de autoritarismo, un lustro de desastre aprista, cinco años de gestión populista con Belaúnde y doce años de dictadura militar socialista, sigamos en las mismas. Parece increíble, pero es la cruda realidad: ya llevamos más de veinte años de vivir a salto de mata y el Perú, por alguna extraña maldición, no ha cambiado nada, continúa ingobernable, zozobrando y a la deriva. Todavía no hemos aprendido la lección. ©

Corresponsal de la agencia de prensa AIPE.

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