La convocatoria diaria

Tito Rondón [email protected] Otro tema que hay que analizar es el de las categorías. En general, no tienen razón de ser y además no funcionan. Veamos por qué ahora no debieran existir. La razón por la que fueron inventadas por Carlos García fue como parte de su plan de tratar de limitar los salarios hace […]

Tito Rondón [email protected]

Otro tema que hay que analizar es el de las categorías.

En general, no tienen razón de ser y además no funcionan. Veamos por qué ahora no debieran existir.

La razón por la que fueron inventadas por Carlos García fue como parte de su plan de tratar de limitar los salarios hace unos años, cuando se estaban disparando como cohete a la luna.

En ese contexto tenían sentido; ahora, el tope salarial nada tiene que ver con las categorías, los equipos se tienen que arreglar directamente con cada jugador sea A o B.

Sin embargo, Carlos García tuvo dos aciertos (uno de ellos efímero) en eso: uno fue que se establecieron las categorías con criterios objetivos y no subjetivos, y el otro fue que quien elaboró el proyecto fue alguien de transparente honestidad e imparcialidad, y mucha habilidad, el Ing. Bayardo Cuadra.

Por criterio objetivo quiero decir que se basó en cifras, en números, y no en la opinión de nadie. Si bateabas .260 con todo lo demás igual eras “A”, si tu promedio era .249 eras “B”.

Por supuesto, con los directivos el proyecto pronto fracasó. Inmediatamente empezaron a presionar (y con éxito) a Carlos García, y a cambiarle la categoría a los peloteros, a algunos de la manera más absurda que se pueda imaginar.

Además, hay dos estadios extremos que cambian las estadísticas; el del Norte sube a los bateadores (todos los titulares del Norte eran “A” y los pítcheres “C”), y el de León es al revés (los bateadores eran “B” y los pítcheres “A”). Así que muchos jugadores estaban fuera de categoría, y no funcionó bien el sistema.

Para clasificar objetivamente a los jugadores se tendrían que usar las estadísticas modernas (“carreras creadas” de Bill James, tal vez, ajustadas para los parques de pelota). Pero eso no es práctico. Como dijimos, además para qué.

Otro tema es el de los salarios.

Sobre eso Carlos García y la convocatoria establecen dos puntos: hay un tope salarial de diez mil córdobas mensuales (725 dólares), y que los equipos ingresarán el monto de la planilla a la federación (Feniba) y ésta distribuirá los salarios.

El objetivo es controlar los salarios, es decir, evitar que un equipo (de Managua o León, las ciudades más grandes y menos pobres) se vuelva trabuco ofreciendo reales a los mejores peloteros, subiendo los costos hasta de los modestos por su afán de competir.

Si se respetara el tope, no hay duda que la medida tendría éxito. Pero ése es un gran pero.

Históricamente nunca se ha respetado. Desde la Liga Profesional, donde el límite salarial era de mil dólares y le pagaban (“debajo de la mesa”) otros mil aparte a Marvin Throneberry, hasta a los peloteros actuales, que reciben un pago de parte del equipo y otro u otros de parte de empresas o personas particulares. Seguiremos.  

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