(Arriba) Octavio Hurtado, capitán de meseros de Pollo Campero. (Abajo) Doña Cony Guevara, frintaguera del Estadio Nacional.

Sin derecho a día libre

A la par de las miles de personas que ayer trabajaron directamente en las elecciones, hay otra parte de la población, menos visible, que no pudo darse el día libre para votar, ya sea porque pueden perder un día de trabajo o bien para aprovechar el dinero extra que les deja este momento especial en […]

  • A la par de las miles de personas que ayer trabajaron directamente en las elecciones, hay otra parte de la población, menos visible, que no pudo darse el día libre para votar, ya sea porque
    pueden perder un día de trabajo o bien para aprovechar el dinero extra que les deja este
    momento especial en la
    vida del país

Fabián [email protected]

Rosita B. no votó ayer. Ni siquiera se ceduló, porque su trabajo no le permite muchos días libres. Es prostituta. Ayer, como todos los días, se puso su falda corta, la cara llena de maquillaje y una camiseta chinga, rosado chicha, para homenajear al candidato por el que le hubiese gustado votar. Lista a cazar clientes en el sector del Cine González.

En la resolana del mediodía, la desértica avenida no le auguraba un buen día de trabajo.

Hasta la tres de la tarde no había conseguido ni un solo cliente, a pesar que la competencia era menor ese domingo: de las 20 prostitutas que habitualmente trabajan en el lugar sólo llegaron seis. Tres estaban con algún cliente en los cuartos y Rosita, junto a dos más, esperaba que cayera algo.

Rosita, de 21 años, tenía esperanza que fuera un buen día, “por las elecciones pues”. Tal vez se compone, confía.

Las elecciones nacionales que vivió Nicaragua ayer movilizaron un ejército de más de cien mil personas entre funcionarios electorales, soldados del Ejército, policías, policías electorales, observadores y periodistas. No se incluyen en esta cantidad los miles de activistas políticos que hacían desde fiscalía hasta trabajo logístico para sus respectivos partidos.

Sin embargo, no todo el resto de Nicaragua se tomó el domingo libre. Algunos, como Rosita, siguieron su rutina de trabajo, bien por necesidad o bien por aprovechar el día.

VEINTE AÑOS EN EL ESTADIO

Doña Cony Guevara, vio caer la estatua de Somoza desde su fritanga en 1979 cuando ella tenía 44 años. Ése es su puesto de trabajo. El Estadio Nacional.

Ahora tiene 68 años y el mismo trabajo: fritanguera. Qué delicias no hay en el tramo de doña Cony: gallo pinto, maduro frito, queso frito, enchiladas, tajadas, carne asada, pollo frito… Instaló su fritanga desde el sábado en las inmediaciones del Estadio, donde funciona el Centro de Cómputos de Managua. Y aunque, el movimiento de personas era ralo hasta ayer tarde, ella esperaba que en la noche se compusiera, cuando empezaran a llegar los resultados electorales.

Es que doña Cony no quiere que le pase como en las elecciones de alcalde del 2000, cuando, en parte por enfermedad y parte por mal cálculo, no creyó que se vendiera mucho y dejó de llegar al Estadio.

“Mi prima me dijo que la venta fue buenísima. Y yo que no quise venir y me quedé allá por el Cementerio”, se lamenta.

Doña Cony sí votó. Lo hizo temprano en su barrio, el Julio Buitrago. Mientras tanto le dejó recomendada la estufa a una vecina, “porque aquí nos echamos una manita los unos a los otros”, dice. Su esperanza es que no llueva. Sea como sea estaba lista a pasar la noche al pie de su fritanga, para en la mañana ofrecer desayuno a los muchos que lo necesiten.

Junto a esta señora, una treintena de negocios similares acordonan el estadio. Para ellos es un día especial, aunque al decir de doña Cony, nunca será como cuando los evangelistas usan el Estadio. “Esa gente sí gasta. Mire, y sólo pollo les gusta comer”, dice en carcajadas.

DOS MIL TAXIS

Según el cálculo hecho a ojo de buen cubero que hace Edwin Solórzano, taxista de Managua, la mitad de los 4 mil taxis que tiene la ciudad salieron a trabajar ayer domingo. No es un día bueno, dice a pesar que a las cuatro de la tarde no había votado todavía. “Voy a pasar votando como a las 5 y media por Unidad de Propósitos. Es que pasé por la mañana y estaba lleno”, señala mientras echaba combustible en una gasolinera. Con los 100 córdobas que ha gastado en combustible, le quedan unos 170 libres. Un día regular, calcula.

Octavio Hurtado pasó desde las nueve de la mañana hasta las 12 y media de la tarde haciendo fila para votar en la Junta Receptora de su barrio, el Concepción de María. Él es capitán de meseros en el restaurante Pollo Campero de Managua y le correspondía entrar a trabajar al mediodía.

“Expliqué el retraso y no hubo problemas”, explica Hurtado, de 26 años, mientras lleva una bandeja cargada con refrescos a una mesa.

Pollo Campero no se puede quejar del día. El domingo fue un día de muchas ventas. No sólo llegó mucha gente al restaurante, sino que también hubo pedidos grandes. El Consejo Supremo Electoral, por ejemplo, pidió unas mil porciones de pollo para sus funcionarios en las Juntas Receptoras. Otras instituciones, como el Banco Central, también hicieron pedidos grandes, aunque menores. “Fue un buen domingo”, resume Henry Moraga, gerente de Pollo Campero.

Moraga aprovecharía la última parte de la tarde para votar. Él mismo dividió al personal en turnos para que todos votaran.

Hoy por la mañana, en el televisor de su casa, Rosita, la prostituta del Cine González, estará escuchando los resultados de la elección en la que no participó. Le hubiese gustado votar por Daniel Ortega, confiesa, porque “supuestamente él nos va a dar trabajo”. Ella cree que podría regresar al trabajo de mesera que una vez tuvo, y que abandonó porque no le daba para mantener a su hija de cuatro años.

Sea como sea, y gane quien gane, hoy a las dos de la tarde va a estar bajo el mismo árbol en las inmediaciones del González, ofreciendo sus servicios “a los de camioneta y a los de a pie”, como ella dice.

Ésa es su rutina. No tiene derecho a días libres.

DÍA DURO

El desarrollo de las elecciones ayer en Nicaragua recayó sobre un ejército de más de cien mil personas distribuidas de la siguiente manera:

-57,000 funcionarios electorales

-6,500 soldados del Ejército

-9,500 policías nacionales

-9,810 policías electorales

-12,500 observadores electorales, de los cuales 9,500 eran nacionales.

-967 periodistas nacionales y extranjeros

-Una cantidad indeterminada de activistas políticos que trabajan en fiscalía, organización y apoyo logístico de sus partidos.  

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