Don Emilio, el columnista

Luis Sánchez [email protected]

El martes pasado (30 de octubre), don Emilio Álvarez Montalván fue homenajeado en la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua. El reconocimiento público a don Emilio fue por sus múltiples méritos como médico oftalmólogo, investigador científico, académico de la lengua, historiador, politólogo, diplomático…

Yo no estuve presente en el homenaje a don Emilio —a pesar del profundo afecto que por él siento—, en parte por obligaciones de trabajo pero sobre todo porque no suelo asistir a actos públicos, menos a aquéllos en los que se exhiben los poderosos personajes del gobierno. Pero por medio de esta columna me sumo al homenaje de Nicaragua a don Emilio, y con ese afán quiero destacar una de las mejores cualidades de nuestro querido personaje, la de periodista de opinión, que no se mencionó el martes 30 de octubre en el Banco Central.

Don Emilio fue durante mucho tiempo miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA. Dejó de serlo sólo cuando aceptó un alto cargo en el gabinete del presidente Arnoldo Alemán, pues la participación en el gobierno —en cualquier gobierno— es incompatible con la membresía del Consejo Editorial de este Diario.

Don Emilio escribía los famosos “Comentarios de la Redacción”, que no eran editoriales en el estricto sentido de la palabra, pero reflejaban la posición cuasi oficial de LA PRENSA ante la problemática nacional e internacional.

En realidad, don Emilio ha sido uno de los más apreciados columnistas de LA PRENSA. Sus innumerables artículos firmados sobre prácticamente todos los temas que cabe imaginar, desde los políticos hasta los científicos y los análisis de la compleja y multifacética cultura política del nicaragüense, forman parte del acervo cultural de la nación, periodístico en particular y literario en términos generales.

Por cierto que debido a la enfermedad que últimamente aquejó a don Emilio, durante la última campaña electoral no pudimos aprovechar sus orientadores y casi siempre acertados comentarios políticos.

Todos los que escribimos artículos de opinión deberíamos estudiar las columnas de don Emilio, para aprender de ellas lo mucho que nos tienen que enseñar. Por ejemplo, su característica y ejemplar brevedad, pues, a pesar de la densidad y profundidad de sus enfoques, las columnas de don Emilio son extraordinariamente concisas y precisas, como sin falta tiene que ser la escritura en el género periodístico.

Las columnas de don Emilio se ajustan precisamente al principio fundamental del género periodístico de opinión, de que los artículos, para ser publicables y publicados, tienen que ser breves, originales y suficientemente buenos como para competir con otros iguales. O sea que el artículo debe ajustarse a los criterios fundamentales de calidad, actualidad, sencillez, claridad, brevedad, capacidad de orientar, originalidad, amenidad, buena redacción y presentación ortográfica.

Además, don Emilio maneja como un maestro la táctica de capturar la atención del lector con una combinación de títulos sugestivos que invitan a la lectura, y contenidos atractivos y factibles de ser leídos y entendidos rápidamente. Y en cuanto a la concisión, don Emilio aplica muy bien el antiguo pero siempre válido principio de Baltazar Gracián (1601-1658) de que “lo bueno, si breve, doblemente bueno”, y por eso escribe artículos de 400 a 600 palabras en los que el lector no necesita invertir más de cinco minutos para leerlos y comprenderlos cabalmente.

¡Ah! Si todos los articulistas de LA PRENSA escribiesen con la brevedad, precisión y claridad de don Emilio, el columnista por excelencia…

El autor es Editor de Opinión de LA PRENSA  

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