- Tres días de lluvia continua,
bastaron para que más de 300
milímetros de agua provocaran
la crecida de los ríos Coco, Wawa, Lycus, Prinzapolka y Bambana, e inundaran más de 50 comunidades, dejando cuatro personas muertas
y casi diez mil afectadas
Benjamín [email protected]
Todo comenzó con una simple llovizna provocada por la presencia de un centro de baja presión el pasado 23 de octubre sobre la región del Atlántico Norte.
Las comunidades costeñas, acostumbradas a la caída de lluvias la mayor parte del año, pensaron que se trataba de un chubasco más, de la temporada lluviosa.
Pero ya para el 24 de octubre, con la llegada de la onda tropical número 55, proveniente del Océano Atlántico, todo cambió.
“La onda tropical interactuó con el centro de baja presión, y el 25 de octubre dio origen a la depresión tropical número 15 generando fuertes lluvias”, explicó el meteorólogo Carlos Zapata, del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter). Desde entonces no paraba de llover.
El caudal de los ríos se desbordó debido a que la depresión tropical se mantuvo casi estacionaria al norte de Bilwi (Puerto Cabezas).
Al cuarto día de persistentes lluvias, la depresión evolucionó a tormenta tropical, la cual fue bautizada como Michelle, y dos días después se convirtió en huracán.
La mayoría de la población caribeña acostumbrada a autoevacuarse, se refugió en las zonas altas de sus localidades, donde comúnmente están construidas las escuelas y las iglesias.
Cuatro personas muertas y 9,832 personas afectadas, fue la cifra que reportó la Defensa Civil del Ejército. Pero según miembros del Comité Costeño de la Costa Atlántica, lo peor fue que la furia de los ríos crecidos arrasaron más de un mil manzanas de cultivos que servirían de sustento para las familias que habitan en esa región.
Al desastre hay que sumarle la destrucción total o parcial de puentes en los municipios de Rosita y Waspam, y en las comunidades de La Tronquera, Lycus y Sisín. Además de la destrucción de caminos, que mantendrá incomunicada por un período indefinido a la Región Autónoma del Atlántico Norte.
Aunque según el Ineter la amenaza de lluvia se aleja cada vez más del país, organismos de la sociedad civil consideran que lo peor está por venir para estas comunidades, que ahora deberán enfrentarse a problemas como la falta de alimentos, escasez y encarecimiento de los productos básicos y enfermedades.
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