- El culto a los muertos es una tradición de arraigo en el pueblo indígena de Sutiaba, donde se combinan tambores, herramientas, comidas y bebidas de maíz, en días de trabajo de limpieza conocidas como “fajinas” en seis cementerios, que realizan conforme sus propias costumbres, tres o cuatro veces al año
Mercedes PeraltaCORRESPONSAL/LEÓN [email protected]
En estos días, las prácticas de los indígenas de Sutiaba se remontan a siglos de hermosas costumbres, en las que los hombres a las cuatro de la mañana recorren las calles tocando tambores con sones tristes, en silencio, en marcha hacia sus cementerios, seguidos de hombres y mujeres con sus herramientas y escobas en los hombros.
La costumbre está regida por la Junta de Vigilancia de cada cementerio, que lleva un control estricto de la participación de los beneficiarios en el cumplimiento de sus obligaciones.
“No habrá cobro por enterramiento, siempre y cuando el afiliado haya cooperado, personal como pecuniariamente y esté solvente con sus fajinas o todas ellas pagadas”, dice el reglamento del Cementerio San Juan Bautista, que data de 1940 y que fue reformado en el 2000.
Los discapacitados están exonerados de la obligación, pero quienes están aptos para cumplir la fajina y no lo hacen deben pagar diez córdobas, contribución fijada por la junta que gobierna y administra el cementerio e invierte en sus mejoras.
El cementerio no depende de la Alcaldía ni de la Directiva de la Comunidad Indígena de Sutiaba, explica Antonio Medina, presidente de la junta.
LIMPIEZAS ESTABLECIDAS Y OBLIGATORIAS
En el Cementerio de San Juan Bautista de Sutiaba las fajinas iniciaron el segundo domingo de octubre, con los afiliados y los no afiliados que tienen familiares sepultados en ese campo. En este año, unos dos mil afiliados han realizado fajinas en cuatro meses.
La roza del camino, las callecitas, lotes y tumbas son limpiados por los beneficiarios del cementerio, en una distribución organizada del trabajo.
Según el reglamento de ese cementerio, las fajinas se realizan en enero desde el primer domingo, en mayo desde el segundo domingo, desde el primer domingo de julio y en octubre a partir del segundo domingo.
Esperanza Largaespada (33) desde que es una niña asiste a las fajinas. Sus tres abuelitos están enterrados en el panteón de San Juan Bautista, y aunque en su casa hay hombres, a ella le gusta cumplir con la tradición de su pueblo.
REPARTICION DE CHICHA Y TAMALES
Como una costumbre indígena, las fajinas están acompañadas de sus bebidas y comidas tradicionales. Mujeres con baldes de chichas, cacao o tiste y tamalitos dulces conocidos como “pacos”, distribuyen gratuitamente entre los asistentes que cumplen su obligación.
En los portones de los camposantos, aceras y calles aledañas se instalan cantidades de mesas con ventas de buñuelos, chicha y tamales que son parte de la tradición que acompaña el enfloramiento de las tumbas.