- Los Yanquis atacan con tres jonrones y superan a los Diamonbacks
Edgard Tijerino M. [email protected]
Ya no estaba Curt Schilling en la trinchera, pero con el marcador 3-1 a favor de los Diamonbacks de Arizona y el coreano Byung-Hyun Kim mostrando su dentadura ponchando a tres en el octavo inning, los Yanquis de Nueva York parecían liquidados… Ese inconfundible “olor a difunto” se extendía por todo el estadio… Pero, sorpréndanse, dos jonrones de última hora, voltearon bruscamente la pizarra, para una victoria de 4-3, que nos hizo recordar a los viejos “Bombarderos” del Bronx, a los temibles “Mulos” de Manhattan… Primero fue Tino Martínez en el noveno con uno a bordo y después Derek Jeter en el décimo.
Créanlo… Los Yanquis están vivos, se mueven, batean y pueden crecer como amenazan ahora que han empatado la Serie Mundial 2-2, con Mike Mussina listo para hoy.
Una vez más, la belleza del béisbol… ¿Cuándo todo esta terminado?… La ansiedad, la presión, la incertidumbre, la ausencia del reloj, lo terriblemente difícil que resulta a veces el out 27, se combinaron anoche mientras el público buscaba las puertas de salida, las computadoras estaban por apagarse en el palco de prensa, y por supuesto, no quedaban hot dogs en los pasillos ni esperanzas en la Caja de Pandora.
Los Yanquis después de dos outs en el noveno, estaban desangrándose dramáticamente mientras Paul O´Neill que conectó hit, se movía casi sin aliento en primera… Bernie Williams había sido el cuarto ponche de Kim en un relevo cinco outs, y Tino Martínez, pese a sus cifras en la temporada y reconocida peligrosidad, no parecía ser una amenaza.
Pero… ¡Qué hermoso swing!… Qué impacto más estremecedor y qué majestuoso fue el vuelo de la pelota antes de caer en las tribunas del jardín central… Qué rugido más escalofriante, señores, hasta desembocar en una euforia incontrolable… Los Yanquis que perdían 3-1, empataron espectacularmente 3-3 en el último grito del drama… De pronto, el precio del boleto se convirtió en una ganga, y un suspenso de esos que fabricaba Hitchcock, nos atrapó a todos mientras Mariano Rivera entraba al escenario para poner el orden a balazos.
Y en el décimo, con dos outs, después de una advertencia de Scott Brosius contra Kim, apareció Derek Jeter, destrozado por un alarmante slump, limitado a sólo un hit en cuatro juegos, y colocó una pelota en las graderías del sector derecho, llevando el asombro a niveles de alto riesgo.
La vieja frase “Los Yanquis ganaron… Los Yanquis ganaron”, viajó vertiginosamente hacia la famosa esquina de Times Square, hacia el Rockefeller Center, a Radio City, a la cima del Empire State, y Nueva York vibró violentamente.
Curt Schilling sostuvo durante siete entradas un emocionante duelo de pitcheo con el reconstruido Orlando “Duque” Hernández, antes que el bateo de Arizona atacará al relevista zurdo Mike Stanton con dos carreras en el techo del octavo quebrando el empate 1-1.
Jonrón solitario de Shane Spencer en el tercero, adelantó a los Yanquis excitando a la multitud bañada de esperanzas, pero Mark Grace empató de inmediato en el inicio del cuarto, con otro jonrón.
Schilling imponiendo su poder y “El Duque” toreando, continuaron dibujando ceros, hasta que en el inicio del octavo, con el zurdo Stanton en la colina y un out, Luis González disparó hit y vino hacia el plato impulsado por un largo doble de Erubiel Durazo, quien aprovechó el tiro en relevo desde los bosques para instalarse en tercera… Un roletazo limpiamente fildeado por Jeter, no impidió el atrevimiento de Midre Cummings —corriendo en reemplazo de Durazo— quien se proyectó hacia el home… Fue un tiro preciso de Jeter para sacar el out, pero el receptor Jorge Posada perdió la pelota, casi tan dramáticamente como lo ocurrido a Mickey Owen en 1941, y el marcador saltó hacia una diferencia de 3-1.
En ese momento de euforia, con los Cascabeles dominando el juego y la tropa de Joe Torre con sólo 6 outs de vida, el manager Bob Brenly consideró que no era necesario excederse con Schilling y lo sacó de juego para traer al relevista coreano… Cuando Kim ponchó a tres consecutivos en el octavo, el gran estadio gimió lastimosamente y vimos a los Yanquis acostados en el filo de la cuchilla a la orilla de la fosa.
Pero, no todo estaba consumado… Jonrones de Tino y de Jeter, arrebataron el juego a los Cascabeles y los Yanquis están ahora en pie de lucha, posiblemente revitalizados.