Un pescador exhibe el fruto de su trabajo después de varias horas bajo el sol.

Mala racha para pesca del Pacífico

Pescadores consideran que la falta de lluvias ha influido para que los peces no salgan a la superficie Pese a todo, comerciantes y pescadores no pierden las esperanzas Janelys Carrillo Barrios [email protected] MASACHAPA y POCHOMIL.- La actividad turística, de pesca y comercialización de productos del mar en estos balnearios del Pacífico nicaragüense, ha experimentado una […]

  • Pescadores consideran que la falta de lluvias ha influido para que los peces no salgan a la superficie
  • Pese a todo, comerciantes y pescadores no pierden las esperanzas

Janelys Carrillo Barrios [email protected]

MASACHAPA y POCHOMIL.- La actividad turística, de pesca y comercialización de productos del mar en estos balnearios del Pacífico nicaragüense, ha experimentado una sensible disminución desde inicios de octubre, fenómeno que los operadores de estos servicios atribuyen al ambiente electoral y el retiro de las lluvias.

En ambos lugares, los visitantes son virtualmente acosados por los trabajadores de restaurantes que ofrecen comidas o ranchitos para veranear.

En Pochomil, Abraham Castillo Pasos, responsable del centro de acopio de la Empresa Exportadora de Productos del Mar (Expomar), dijo a LA PRENSA que cuando la pesca está buena, puede almacenar hasta 900 libras diarias de pargo para exportación.

Sin embargo, en las recientes semanas apenas ha llegado a reunir entre 200 y 300 libras del producto por día, razón por la cual el camión que lo recoge para trasladarlo a Managua ahora viaja cada dos días.

Castillo Pasos explicó que generalmente las lluvias de octubre facilitan la captura, porque las sardinas buscan las costas, y éstas, a su vez, atraen a los peces y otras especies marinas. “Pero ahora sólo ha lloviznado, y entonces todos se van a las profundidades”, aseguró.

PACIENCIA Y HEROÍSMO

Juan Ramón González aseguró que para capturar tiburones se debe entrar al mar desde las cinco de la mañana y permanecer en alta mar hasta las tres o cuatro de la tarde a unos 80 kilómetros de la costa, por lo que el trabajo de pescador alcanza ribetes de heroísmo, ya que además de poner a prueba su paciencia, se debe lidiar con el oleaje según las condiciones del tiempo.

El pescador Léster Cruz manifestó que en medio de la escasez, los que trabajan con Expomar no resienten el fenómeno con tanta crudeza, porque de alguna manera la empresa lo ha “suavizado” mediante el financiamiento de aperos y motores, y exoneración de impuestos.

Carmen Ruiz y José Manuel Baltodano, quienes captan la producción y la preparan para comercializarla en el Mercado Oriental, coincidieron en que la venta empezó a ponerse mal desde inicios de octubre porque las mareas han estado altas y los peces se van al fondo del mar.

MUCHAS DIFICULTADES

Miriam Pérez, propietaria del bar La Trepadita, de Masachapa, aseguró que la crisis económica la llevó a vender el otro que tenía en Pochomil, llamado El Pescadito.

“Esto está crítico, y aunque pagamos nuestros impuestos y servicios básicos carísimos, no hay seguridad para la población porque la Policía no actúa, y por otro lado las calles permanecen sucias”, se quejó.

En la costa, la libra de carne de mantarraya se cotiza en nueve córdobas, y un pargo rojo para exportación en 50 córdobas, según informó una solitaria veraneante de Masachapa.

La variedad de productos que el mar prodiga a los habitantes de Pochomil y Masachapa incluye, además de la mantarraya y el tiburón, la cabrilla, langosta, curvina, sardina, macarela, barracuda, mero y “el ojón”.

GASTO IMPRODUCTIVO

Sergio Espinoza, que alquila un botecito para pescar, informó que una jornada de cinco horas en alta mar equivale a un gasto de ocho galones de combustible, pero lo triste es “cuando no se agarra nada”.  

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