¡Oh dulce ilusión!, mi amor perpetuo en
una rosa que con alegría te irá a regalar
pero sólo me quedé con la rosa llena de
mi amor. Sus espinas clavadas en mi
pecho y cada vez más se introducían
tomando mi sangre.
Al ver esa expresión que nunca olvidaré
y siempre la tendré en mi mente con
una lágrima y un vacío.
¿Por qué?, por qué, por qué, grité y
mas la callada noche no me respondía
lloré, lloré… y lloré al recordar tu nombre.
Las espinas tomaron la última gota
de mi ser y sus pétalos se diluyeron del
tinte rojo por recordar tu mal amor
quedaron en negro.