Un soldado de la Alianza del Norte, contraria a los Talibán, cambia posición con su lanzacohetes RPG 7 durante un combate con las tropas del régimen integrista.

Repartiendo la carne sin matar al venado

Opositores anti-talibán reclaman su “legítimo” derecho a heredar el gobierno Sergio ImbertEFE Joya Bahauddín, Afganistán.- La Alianza del Norte antitalibán lamentó ayer el retraso de la ayuda militar de Estados Unidos, reivindicó por primera vez su derecho a heredar el “Gobierno legítimo” de Afganistán y negó versiones de presuntas disensiones. Estas tres muestras simultáneas de […]

  • Opositores anti-talibán reclaman su “legítimo” derecho a heredar el gobierno

Sergio ImbertEFE

Joya Bahauddín, Afganistán.- La Alianza del Norte antitalibán lamentó ayer el retraso de la ayuda militar de Estados Unidos, reivindicó por primera vez su derecho a heredar el “Gobierno legítimo” de Afganistán y negó versiones de presuntas disensiones.

Estas tres muestras simultáneas de impaciencia y nervios, también las primeras desde el comienzo el domingo de los bombardeos de EE.UU., hicieron nacer las primeras incógnitas sobre el futuro político tras una guerra antiterrorista todavía no ganada.

También delataron que el secular laberinto de grupos étnicos y tribales en Afganistán ha vuelto a saltar a la luz del día como anticipo de un potencial enquistamiento.

El auténtico papel de Rusia en la campaña contra Ossama Bin Laden, el terrorista más buscado del mundo, y sus anfitriones talibán del régimen de Kabul, añadió una cuarta y enigmática duda.

Versiones cada vez más abundantes y de fuentes diversas dijeron que desde hace días han llegado a esta zona norte de Afganistán al menos parte de las tropas de la 210 División Motorizada, destinada en Tayikistán, e incluso soldados desplazados desde Chechenia.

El Ministerio ruso de Defensa lo negó en una nota aparentemente terminante, pero su redacción dio alas a otras interpretaciones. “Militares de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa no participan, no han participado ni se planea que participen en el territorio de la república de Afganistán”, reza la declaración.

Mientras en este cuartel general de las fuerzas antitalibán en Joya Bahauddín, sólo se ve equipo militar ruso, desde ametralladoras PKM y fusiles Kaláshnikov hasta camiones Kamaz y todoterrenos Uaz, los dirigentes políticos de la Alianza vendieron la piel antes de matar el oso.

A unos diez kilómetros se escucharon disparos y explosiones, en dirección a las aldeas de Zardkmar, Emam Saheb y Shir Jan Bandar, pero los combatientes se lo tomaron con más tranquilidad de la que se supone en una “gran ofensiva”, anunciada todos los días. En Dushambé, capital de Tayikistán a 250 kilómetros de distancia, el presidente afgano derrocado por los talibán en 1996 y exiliado desde entonces aunque internacionalmente reconocido, Burhanudín Rabaní, dijo que se hablaría del futuro “cuando los talibán sean destruidos”.

Pero en una rueda de prensa en la capital tayika mencionó varias veces la idea de que su gobierno es el “legítimo” poder afgano, se refirió a la Alianza del Norte como Frente Unido y reclamó el mérito de “llevar luchando siete años contra los talibán”.

Un portavoz diplomático de la Alianza también habló del “legítimo gobierno” de Afganistán y acusó a Pakistán de propalar rumores de roces, envidias y hasta crisis en el seno de la oposición.

¿VANAS ILUSIONES?

Pero, tal como se interpretan los últimos acontecimientos en Rusia y varias capitales de Asia Central, Washington no lleva “retraso” en el envío de armas porque en realidad nunca las ha prometido.

Desde el inicio el domingo de los bombardeos, no sólo Pakistán ha advertido a la Alianza de que no se haga ilusiones de heredar el poder, sino también Rusia, EE.UU. y el Reino Unido.

Burhanudín Rabaní —el ex presidente afgano derrocado en 1996— y su ministro de Exteriores, Abdulá Abdulá, reconocieron los primeros días que, tras ganar la guerra, debía formarse una “gran coalición” o “gobierno de salvación” con participación de todas las etnias y grupos religiosos y políticos, incluidos los talibán.

Este escenario, confeccionado en las capitales aliadas, llevaría a la convocatoria de la Loya Jirga o gran asamblea de notables bajo la dirección provisional del ex rey Mohamed Zahir Shah, derrocado en 1973 y a punto de cumplir 87 años.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí