Estados Unidos teme que las próximas arremetidas de los terroristas sean con agentes químicos o biológicos.

Desarrollan novedosos proyectos contra bioterrorismo

Ensayan con células animales, planean detectores de veneno y vehículos aéreos especiales D. Ian HopperAP WASHINGTON.- Con sigilo, un terrorista vierte una misteriosa sustancia química en un depósito que suministra agua potable a una gran ciudad. Pero no advierte un dispositivo dentro del agua, del tamaño de una maleta, que alerta del hecho a las […]

  • Ensayan con células animales, planean detectores de veneno y vehículos aéreos especiales

D. Ian HopperAP

WASHINGTON.- Con sigilo, un terrorista vierte una misteriosa sustancia química en un depósito que suministra agua potable a una gran ciudad. Pero no advierte un dispositivo dentro del agua, del tamaño de una maleta, que alerta del hecho a las autoridades y les proporciona alternativas para contrarrestar el veneno.

Ese mecanismo es por ahora solamente un prototipo, pero funcionarios de la defensa y científicos se esfuerzan por desarrollarlo y por inventar otros dispositivos para defender Estados Unidos de ataques bioquímicos.

Los mecanismos ideados van desde máquinas voladoras que controlan el aire hasta nuevos buzos que pueden proteger a los soldados de agentes letales en el campo de batalla.

Un estudio del Pentágono difundido hace varios meses examinó la guerra no tradicional, incluyendo ataques biológicos y químicos, y llegó a la conclusión de que Estados Unidos estaba bien preparado para responder y para contraatacar, aunque estaba en déficit en cuanto a detección y prevención.

La tecnología ha sido un importante obstáculo.

“Nuestro modo tradicional de detectar elementos biológicos es atraparlos y cultivarlos”, explicó Michael Wartell, profesor de Química y titular de la junta científica de la Agencia de Inteligencia para la Defensa. “Es un proceso muy lento, de tres a cuatro días. Para ese entonces uno ya está muerto”.

DETECTOR FISIOLÓGICO

El Dr. Guenter Gross, de la Universidad de Texas del Norte, está desarrollando, con financiación del gobierno, un dispositivo que promete un nuevo medio de detección.

Empieza extrayendo células de embriones de ratones y colocándolas entre dos placas de vidrio en un cuadrado de cinco centímetros, conectadas a diminutos electrodos.

La red de células está conectada a una unidad de supervivencia artificial y controlada por una computadora portátil. Las células responden a sustancias químicas nocivas del mismo modo que las células vivas en animales.

En suma, el mecanismo identifica rápidamente la naturaleza de un ataque reaccionando igual que un ser humano expuesto a un agente químico o biológico. Alerta a los científicos sobre el peligro y ayuda a sugerir un antídoto.

“Se trata realmente de un detector fisiológico”, dijo Gross.

“Responde a compuestos que interfieren con la función normal del sistema nervioso, porque se trata de una pequeña parte del sistema nervioso”.

La red no solamente detecta los agentes químicos y biológicos conocidos, sino también los desconocidos, permitiendo que los científicos busquen antídotos.

El invento de Gross está en su fase experimental y ha sido empleado exitosamente para detectar cientos de compuestos dañinos.

El Departamento de Defensa ha invertido 2 millones de dólares en él y Gross espera que la unidad, del tamaño de una maleta, esté disponible en seis meses. Una versión de mano podría seguirle más adelante.

Ese proyecto es apenas uno de entre muchos que están en estudio o desarrollo. La Agencia de Proyectos Avanzados de Investigación para la Defensa recientemente asignó 6 millones de dólares a dos contratos para crear Vehículos Aéreos Orgánicos.

Esas pequeñas máquinas voladoras podrían utilizarse para detectar agentes dañinos y para tareas de vigilancia en campos de batalla, transmitiendo imágenes.

En el programa de Medidas Heterodoxas para Contrarrestar Patógenos, de la agencia, se trabaja en nuevos buzos ambientales, en células “superinmunes” producidas mediante ingeniería genética para resistir ataques químicos, y en modos de acelerar el desarrollo e inoculación de vacunas.  

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