- Aún después de todo, Bonds nos estremece con sus impactos
Edgard Tijerino M. [email protected]
Señores, lo siento, ya terminó todo… Cayó el telón y las luces se apagan, pero permanezco frente al escenario aferrado a mi butaca sujetado firmemente por el asombro. La imagen de Barry Bonds no se desvanece mientras continúo viendo volar bolas hacia las tribunas, o más allá, descendiendo en el mar… ¡Qué espectáculo amigos!… Algo único, extraordinario, inolvidable.
En la cima de sus 37 años, Bonds ha superado cifras de McGwire y Ruth que parecían tan indestructibles como la Esfinge, y sorpréndanse, no fue jactancioso… Dejó a un lado su arrogancia característica y hasta tuvo tiempo para llorar atrapado por la emoción.
Su jonrón 73 fue como la última pincelada de Rubens en su famoso cuadro, “El rapto de las hijas de Leucipo”, su obra maestra.
Uno se pregunta: ¿Por cuánto tiempo sobrevivirá este nuevo número mágico?
El 60 de Babe Ruth se mantuvo desde 1927, hasta que Roger Maris lo reemplazó en 1961… Luego, fue necesario esperar 37 años, para ver a McGwire cambiarlo por el 70, y creímos que no tendríamos tiempo en nuestro paso por esta vida para ver algo más grandioso… Y apareció Bonds en pantalla, debidamente aumentado y corregido, como un “Monstruo” fabricado en computadora, y se lanzó al asalto contra viento y marea.
El 70 de “Big Mac” ha sido borrado. Ahora, el nuevo en reto es el 73, y Bonds es el primer bateador negro en apropiarse de la máxima cifra jonronera en la historia del béisbol.
Okey, todo ha estado girando alrededor del 73, pero por favor, desviemos nuestras miradas hacia otros hechos significativos que engrandecen más la actuación de Bonds, durante el último año de un contrato de tres que firmó con los Gigantes por 22.9 millones de dólares.
En los años 20 y 21, Babe Ruth sacudió al beisbol encaramándose sobre los 800 puntos en slugging. Sus porcentajes de .847 y .846 parecieron inalcanzables a lo largo de décadas. Ochenta años después, Barry Bonds arremete tan bruscamente, que registra .863 estableciendo una marca que podría sobrevivir a huracanes y terremotos. El viejo récord de la Liga Nacional era de .756 en poder de Rogers Hornsby desde 1925.
En 1923, el pitcheo enemigo, aterrorizado, le concedió 170 bases por bolas a Ruth, y en este 2001, frente a un Bonds convertido en verdugo implacable, los lanzadores se vieron obligados a bolearlo 177 veces, una cifra muy difícil de ser superada en el resto de este siglo que apenas comienza.
Desde Ted Williams y Mickey Mantle, ningún otro bateador había podido registrar más de .500 en porcentaje sobre las bases, y este año, Bonds marcó .515 en otro alarde impresionante.
Cuando McGwire fue capaz de conectar un jonrón cada 7.27 veces al bate superando a Ruth, y promediar 13.75 jonrones por cada 100 turnos, nunca pensamos ser testigos de una frecuencia más frenética, pero Bonds, el señor Bonds, disparó un jonrón cada 6.52 intentos, y su promedio de 15.34 cuadrangulares por 100 veces al bate, se ve más arrogante que él mismo.
¿A OTRA LIGA?
La pregunta dominante es, ¿seguirá con los Gigantes?.. Convertido en agente libre, el representante de Bonds, Scott Boras, pretende un contrato de 20 millones por un año, y la posibilidad de un traslado a la Liga Americana para que funcione como bateador designado.
Es natural considerar que por lo menos la temporada del 2002, debe ser también impactante… Quien lo contrate estará pensando en 50 jonrones y 125 empujadas, cifras que pueden tener una gran utilidad para un equipo con posibilidades.
Graduándose como “Monstruo” mientras atravesaba por una temporada fantasiosa trazada en Disneyworld, Bonds no necesita quitarse de encima la mugre de su inutilidad en la postemporada… No hay nada que discutir para dimensionarlo correctamente.