Benard, que no jugará en el Caribe, valora su trabajo en las Grandes Ligas.

"Satisfecho"

Edgard Rodríguez C. [email protected] Cuando en la noche del pasado 2 de abril, Marvin Benard disparó hit frente a Dave Maurer de los Padres, en medio de una victoria 3-2 de los Gigantes, el nica no encontró razones para saltar de alegría. Había bateado de 5-1, con 1 remolque y 1 estafa. Tampoco era como […]

Edgard Rodríguez C. [email protected]

Cuando en la noche del pasado 2 de abril, Marvin Benard disparó hit frente a Dave Maurer de los Padres, en medio de una victoria 3-2 de los Gigantes, el nica no encontró razones para saltar de alegría. Había bateado de 5-1, con 1 remolque y 1 estafa. Tampoco era como para esconderse.

Sin embargo jamás imaginó que en esa jornada inaugural, había iniciado una difícil travesía que pondría a prueba no sólo sus habilidades físicas, sino también su consistencia emocional. Habría de deslizarse hasta niveles miserables y la desesperanza sería seguida de más desesperanza.

En sus siguientes tres partidos consumió 13 turnos y en ninguno conectó de hit. Su promedio al bate se redujo hasta .056 y Dusty Baker lo envió al banco. De hecho lo haría muchas veces más en medio de una campaña nefasta para el nica, quien de pronto, tenía a todos en su contra.

“Fue duro porque fanáticos y periodistas estaban contra mí. Mi average estaba por el suelo y lo más raro es que yo me sentía mentalmente fuerte. Es más, pensé que iba rumbo a mi gran año, pero de pronto, todo estaba difícil”, recuerda el big leaguer en diálogo con LA PRENSA.

Benard nos contactó desde la ruta que lleva de San Francisco al estado de Washington, en una de cuyas ciudades, estará su residencia a partir de ahora. El pinolero, que viajaba en su camioneta, vive ahora en Richland, al este de Washington, donde confluyen los ríos Columbia y Yakima.

Su desempeño continuó siendo discreto, con breves saltos sobre los 200 puntos. A la altura del 20 de junio, presentaba 194 puntos, pero ese día ocurrió algo que marcaría una perspectiva.

“Se descubrió que tenía problemas en la vista. No puedo decir que por eso comencé a batear, lo cierto es que mi confianza se fortaleció y no sólo no volví a bajar de 200, sino que comencé a subir”, señala el nicaragüense, a quien el 21 de junio se le colocaron lentes de contacto.

Desde ese día (21) en adelante, Marvin acumuló 196 turnos, en los que disparó 65 hits para un promedio de 330 puntos, con 23 extrabases, entre ellos 12 jonrones. Eso le permitió al pinolero, saltar desde 204 puntos, hasta el respetable 265 con que cerró su actuación global.

“No me siento seguro de decir que los lentes me hicieron mejorar. A veces pienso que fue algo de Dios. Te voy a explicar, Calvin Murray llevaba 10 años en las menores y necesitaba mostrar algo y lo hizo. Pero para abrirle ese espacio, fue necesario que yo me hundiera”, señala.

El debate sobre las causas que afectaron a Marvin, o si fue “una orden divina” podrán seguirse discutiendo. Pero de lo que no queda duda, es que el nica nunca bajó los brazos. Ni siquiera en esos momentos en los cuales su protagonismo fue eclipsado por la impotencia.

ANTES Y DESPUÉS

Es curioso, pero de los 392 turnos que tuvo Benard este año, la mitad (196) fueron sin lentes y la otra mitad con ellos.

En los primeros 196 turnos, promedio .204, con 3 jonrones y 31 carreras anotadas. En los otros 196, tuvo .330, con 12 jonrones y 39 anotadas.

Antes de los lentes, había disparado 13 extrabases. Después de los lentes conectó 23 para el total de 36, de ellos 19 dobles, 2 triples y 15 jonrones.  

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