El dolor y lágrimas asoman al rostro de Franklin Maliaños al narrar su odisea.

Sobrevivió 39 días en el Pacífico

Carol MunguíaCORRESPONSAL / [email protected] Franklin Arturo Maliaños Meza, de 36 años, cuenta la cruda historia de naufragio en el Océano Pacífico. Han pasado 12 años y gruesas lágrimas asoman al recordar la tragedia en la que murieron sus dos compañeros de faena. Salieron de Aserradores en el barco “ODIM” un ocho de octubre de 1989 […]

Carol MunguíaCORRESPONSAL / [email protected]

Franklin Arturo Maliaños Meza, de 36 años, cuenta la cruda historia de naufragio en el Océano Pacífico. Han pasado 12 años y gruesas lágrimas asoman al recordar la tragedia en la que murieron sus dos compañeros de faena.

Salieron de Aserradores en el barco “ODIM” un ocho de octubre de 1989 a tiburonear. Lo acompañaban Francisco Romero y Hernán Gutiérrez, como marineros de la tripulación, todos pertenecientes a la Cooperativa de pescadores “Mario Carrillo”.

“Llevábamos como destino 110 grados al sur y los planes eran tres días en el mar. El primer día sacamos 300 libras del producto”, recuerda el otrora capitán del barco.

Al amanecer el barco dio problemas, no encendió. Nadie se afligió porque la costumbre es que si al tercer día no aparecen, la orden es salir a buscarlos. Así luchamos con esperanzas los primeros días del octubre más seco que recuerda el sobreviviente. Fueron las corrientes las que los arrastraron mar adentro, sostuvo.

Habían pasado 17 días, y las fuerzas se nos comenzaron a debilitar. El agua escaseó y el alimento también. Mis compañeros me propusieron hacer una balsa con poroplast y madera del barco para buscar la costa, pues el barco iba a la deriva.

“Remamos tres días y tres noches, y Hernán fue el primero en flaquear. Sólo nos alimentábamos con sangre de tortuga y comíamos pescado crudo, las esperanzas eran menores porque no mirábamos tierra”, narró.

Hernán murió. Francisco y yo lo amarramos a la balsa y navegó con nosotros dos días, luego lo dejamos ir. Luego fue Francisco el que claudicó, y yo no tenía fuerzas hasta que me encontró una lancha de pescadores mexicanos y me rescataron, un 17 de noviembre.

Desde ese momento sólo ángeles tuve en el camino. “Me dijeron que me encontraron 200 millas mar adentro del puerto de Tapachula, México. Me internaron en un hospital de la Marina de Guerra y me atendieron muy bien. Me llevaron en bus hasta Guatemala, no conocía teléfonos de embajadas y tampoco llevaba dinero, y al “ride” me vine a Honduras.

Maliaños conoció a un paisano a quien identificó como Domingo Castro, originario de Boaco, quien costeó su regreso a Managua, desde donde llamó a las oficinas de la Cooperativa para informar que estaba vivo.

El pescador volvió a la comunidad de Aserradores, ubicada a 35 kilómetros de Chinandega, con resentimiento hacia sus compañeros, porque se enteró de que fue hasta doce días después que iniciaron la búsqueda, tarde, cuando se trata de ir a la deriva.

El mar es bonito. Hay que pescar bien equipado para evitar tragedias.

Arturo Maliaños pasó 18 meses sin salir al mar, y aún están vivos los recuerdos de sus compañeros de viaje. Ahora se dedica a la tarea de capturar larva silvestre de camarón, y aunque dice no temer al agua, pide a los pescadores tomar precauciones cuando haya mal tiempo.  

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