Atrapados en sus propias redes

En Nicaragua el grueso de trabajadores del sector pesquero son “pescadores artesanales”, quienes por lo general no llevan ningún tipo de instrumentos que les ayuden a sobrevivir en caso de emergencia, porque carecen de financiamiento para obtener los equipos necesarios. Gabriela Roa Romero [email protected] “El mar todos los días es una aventura. Cada vez que […]

  • En Nicaragua el grueso de trabajadores del sector pesquero son “pescadores artesanales”, quienes por lo general no llevan ningún tipo de instrumentos que les ayuden a sobrevivir en caso de emergencia, porque carecen de financiamiento para obtener los equipos necesarios.

Gabriela Roa Romero [email protected]

“El mar todos los días es una aventura. Cada vez que se embarca un grupo de marinos, van a lo impredecible, porque el mar se comporta diferente todos los días”, dijo Eloy León, directivo de la Cámara de Pesca. Pero, ese mar “traicionero”, como muchos lo llaman, es el empleador de miles de pescadores nicaragüenses que salen diariamente de las costas del Pacífico y el Atlántico para trabajar en sus aguas.

Cairo Laguna, Director Ejecutivo de la Federación Nicaragüense de Acuicultores y Pescadores Artesanales (Fenipesca), explicó que el pescador no tiene la certeza de regresar a tierra firme cuando sale a su faena diaria, debido a los múltiples peligros que conlleva su profesión.

En Nicaragua el grueso de trabajadores del sector pesquero son “pescadores artesanales”, quienes por lo general no llevan ningún tipo de instrumentos que les ayudes a sobrevivir en caso de emergencia, porque carecen de financiamiento para obtener los equipos necesarios, según Laguna.

RIESGO ES ALTO

Pese a que León aseguró que en la plataforma nicaragüense no son muchas las vidas humanas que se han perdido en el mar, Laguna admitió que el índice de riesgo es bastante grande.

Laguna agregó que además de financiamiento el otro problema que enfrentan los pescadores es de accesibilidad, porque no se cuenta con una tienda que garantice la venta de este tipo de equipos de protección.

León explicó que la pesca se puede efectuar desde embarcaciones pequeñas conocidas como pangas, que van desde los 15 pies hasta los 25, y desde embarcaciones de más de 25 pies que ya son lanchas.

Las primeras se utilizan para pesca de corta distancia de la orilla, donde los pescadores entran al mar para tender sus redes en la tarde y las recogen en la mañana del día siguiente.

“En su mayoría no tienen equipos electrónicos de comunicación o de orientación. En el mar usan su experiencia y el buen sentido de orientación natural, como las estrellas o algún otro indicativo que les permita darse cuenta de su localización, de modo que cuando hay tormenta pierden esos puntos de referencia y existe el peligro de que se extravíen y las mismas corrientes los alejen de las costas”, comentó.

En el caso de las embarcaciones más grandes, los problemas fundamentales son mecánicos, según León. Es decir, que a veces cuando el motor les falla, no pueden buscar la orilla y las mismas corrientes los arrastran.

León señaló que las corrientes que pasan por Nicaragua (principalmente la corriente de Humboldt) ocasiona muchas variables, “la corriente normalmente es de agua fría, y al hacer choques con placas calientes puede generar turbulencias dentro de las aguas nicas, que afectan de acuerdo al tamaño de la embarcación”.

Para aminorar todos los riesgos que conlleva el trabajo de mar, cada embarcación —sea grande o pequeña— debe cumplir con un mínimo de requisitos que garanticen su seguridad durante las faenas de pesca, como salvavidas, radio y localizador, entre otros.

VIGILANCIA ES REDUCIDA

La Dirección General de Transporte Acuático Nacional es una de las instituciones que debe regular que todas las embarcaciones cumplan los aspectos de seguridad antes de otorgarle su respectivo permiso de navegación, según explicó Armando Segura, director ejecutivo de la Cámara de Pesca.

La verdad es que “su vigilancia en el caso de las pangas es muy reducida”, dijo Segura, tras subrayar que a menudo sólo inspeccionan a las embarcaciones de más de 25 pies.

Jorge Morales, Director de Seguridad y Regulación Acuática de la Dirección General de Transporte Acuático Nacional del Ministerio del Transporte e Infraestructura, admitió que la institución tiene “problemas” para controlar la pesca artesanal.

Lo anterior se debe a que “los pescadores con embarcaciones pequeñas no salen de un solo punto, como es el caso de las grandes, que deben salir de los puertos donde nosotros tenemos inspectores”, aseguró.

La Dirección General de Transporte Acuático Nacional es la que extiende los certificados de matrícula, patentes de navegación, y licencias de competencia al personal de la embarcación.

Por su parte, Luis Enrique Martínez, responsable de la Dirección de Higiene y Seguridad del Ministerio del Trabajo, reiteró que las inspecciones de esta institución se han enfocado más a la pesca formal, es decir, a las embarcaciones más grandes.

“Es difícil controlar la pesca informal, porque en ese sector los pescadores trabajan por su cuenta y no recibimos demandas por parte de los trabajadores”.

Recordó que en sus registros, además de los accidentes leves, tienen reportados durante este año un accidente mortal y dos graves, pero del “sector de la pesca formal, específicamente en el Atlántico”.

PELIGROS DEL MAR

Los pescadores, además de lidiar con la fuerza del mar, están expuestos a cortaduras peligrosas con sus instrumentos de trabajo, a quemaduras por la exposición prolongada al sol, a una mordedura de algún animal del mar y, sobre todo, a cualquier enfermedad producida por las inclemencias del tiempo, según Martínez.

Cabe señalar que día a día los pescadores se introducen más profundo para pescar, lo cual aumenta los riesgos.

Agregó que los pescadores por cuenta propia tienen pocos recursos e invierten muy poco en la seguridad e higiene de su trabajo.

Incluso en la pesca formal a menudo no utilizan los equipos necesarios para su protección, porque alegan que les estorba o la empresa no se los proporciona.

Entre las playas con mayor afluencia de pescadores artesanales están: El Ostional, San Juan del Sur, Masachapa, Casares, Corinto Jiquilillo y en el Caribe están San Juan del Norte, Bluefields, Laguna de Perlas, los Cayos y Puerto Cabezas, entre otras.

PRODUCCIÓN PESQUERA AUMENTA

Alrededor de 40 mil personas se encuentran empleadas directamente en la pesca y la acuicultura, de esa cifra el 70 por ciento son pescadores artesanales, según Armando Segura, Director Ejecutivo de la Cámara de Pesca.

La pesca reportó un incrementó del 26.8 por ciento en sus exportaciones de productos pesqueros durante el 2000, en comparación con 1999, según cifras oficiales de la Administración Nacional de Pesca y Acuicultura (Adpesca).

El año pasado el sector pesquero en su conjunto produjo 23.1 millones de libras en productos pesqueros, entre langosta, camarón, pescado y camarón de cultivo, que equivalen a alrededor de 123.5 millones de dólares.

Mientras que, para 1999, se exportaron 21.2 millones de libras de productos pesqueros, lo que generó divisas por el orden de los 97.4 millones de dólares.

“La pesca artesanal cada vez es más importante en el sector pesquero”, aseguró Segura, tras explicar que de las exportaciones totales de langosta, que fueron alrededor de 4 millones de libras, dos millones fueron producidas por los pescadores artesanales del Caribe.

Agregó que más del 70 por ciento de la producción total del pescado, es producida por los artesanales de ambos litorales.

Los productos con mayor volumen exportado fueron el camarón de cultivo y la carne de langosta, con un incremento del 22 y 30 por ciento respectivamente.

Estados Unidos representa el 90 por ciento del mercado de los productos del mar de Nicaragua, y el 10 por ciento adicional corresponde a Europa.

“En los últimos cinco años ha aumentado el nivel de producción de pescado, pero no necesariamente por un crecimiento en la flota pesquera, sino por una mejor eficiencia en las artes de pesca”, dijo Eloy León.

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