(Para: Martha L. M. Lara)
He sobrevivido
a un fin de semana más.
Una batalla que pedía
la muerte de mi sentir.
Logré esquivar las balas del desdén
como el soldado aguerrido,
que por el campo en litigio avanza.
Mordiendo el dolor de mis heridas
y pisando firme mi agonía.
Con la cabeza erguida de valor,
ofreciendo mi pecho por la victoria
seguro de arrebatársela,
de las manos al enemigo.
Desde una trinchera segura
disparé mi descontento.
En la locura de este infierno
cayó la granada del tormento.
Blandí la esperanza en mi mente
y limpié de golpe mi camino,
iluminé con bengalas de amor
el oscuro cielo del dios Marte.
Yo no volví a refugiarme,
porque miré claro el destino.
Tras esta nueva batalla
el corazón ha sobrevivido
a otro fin de semana más.